Para el álbum de frases, de nuevo…

18 12 2009

“Toda mi vida has sido un riesgo para mi salud, ¿y a estas alturas cometes la mariconada de pasarte al otro lado?”

Eduardo Álvarez, increpándole a Luis Miguel Aguinaga la disparatada idea de venderle un seguro.

“… esperemos almorzar bien y que los lobos de mar no se almuercen al flaco. ¡Aprende a nadar!…”

Verónica Valcárcel, burlándose de mis limitaciones acuáticas.

“…Oye no me lo estés batiendo a mi flaco chapotero, ah.  Menos delante de desoconocidos para él, sino te ahogo ya sabes…”

Anna Lía Barandiarán, defendiendo mi honor sin metáforas de por medio.

“… Eduardo, ya no vengas a nuestra cena en short pelotero como la vez pasada…”

Jannise Gallo, grinch navideño al que no le gusta la ropa de verano.





Para el álbum de frases…

16 12 2009

“Esa gente me da diarrea…”

Rodrigo Sarmiento, cagándose en todos, como siempre…

“Cada vez que entro a revisar “El Comercio”, me entero de huevadas…”

Ricardo Álvarez, risueño, explicando cómo es que se enteró de que Angobaldo se había peleado con Zopilote, campeón de “Vale Todo”.





Ateo, pero religioso…

16 12 2009

Hace poco Anna me salió con eso y no tuve más que aceptarlo. Soy bastante religiosillo, pero no me malentiendan, a lo que ella se refiere es que tengo bastante fe en ciertas cosas y eso ha hecho de mí un ser humano lleno de costumbres y ritos que rayan con la obsesión.

Y sí, hay que aceptarlo, el no creer en dios no te hace un descreído total, como quizás piensan algunos, sino que más bien, te ofrece la nada despreciable libertad de creer en lo que se te venga en gana, con la ventaja evolutiva de saber fehacientemente que esa pequeña licencia de fe que tienes, es totalmente falsa, y que no funciona en nadie más que en ti, de esa única forma en que llega a funcionar. Digamos que es un plano particularísimo de la neurosis de cada uno. Así puedo tener la libertad de sentirme cómodamente instalado en el Valhalla cuando escucho a Wagner o creer inocentemente en los policías de tránsito cuando me atacan estas fiebres.

Lo peligroso es cuando uno piensa que eso en lo que cree es lo verdadero y se encomienda la fútil tarea de evangelizar, claro, condenando de paso a quienes cometemos la torpeza de no coincidir. Allí puede pasar cualquier cosa, como ayer, que mi correo fue atacado por militantes fundamentalistas anarco-punks que querían venderme una cena navideña según ellos deliciosa, preparada a base de gluten. Me reí un poco porque no creí que los anarco-punks celebraran navidad y además les hice notar que la mejor forma de vender cenas navideñas (ya que estimo que ellos también tienen derecho de tener su porción de mercado) no es precisamente el horror. Es decir, poner fotos de un camal o del proceso artesanal de desplume de pollos decapitados, no despierta para nada el apetito, y menos aún cuando asocias eso con la palabra gluten. Allí fue que empezaron a lloverme adjetivos, tales como “asesino”, “insensible”, “tarado” y otros más. Santo y bueno, cada vez me acostumbro más a no ser popular, pero me interesaba saber más acerca del por qué tanto odio y llegaron algunas razones.

Básicamente, ellos diferenciaban la vida en dos: las plantas, que, a menos que las adornemos, no tienen cara y los animales, donde se incluye al hombre, que sí. Entonces no es razón de sorpresa que me dijeran “comecaras”, lo cual es gracioso, por el grado de identificación que eso implica como argumento. Furiosamente me reclamaron “respeto por los animales”, trataron de menoscabar mi moral con algunas rudimentarias frasecillas y, más que nada, me insultaron, lo cual es más contradictorio, viniendo de gente que tiene ese tipo de exigencias.

Se demuestra entonces que la certeza de verdad absoluta de la creencia instala la diferencia, lo cual lleva al odio. El “para todos” de una creencia, quizás se pueda plantear como hacer de lo falso una mentira, donde lo falso es la ficción que cada uno elige.

En cuanto a mí, como ya dije, elijo los banquetes del Valhalla, así que allí haré mi navidad, con mis amigos. Vale decir que es falso que yo coma caras, prefiero las piernas, especialmente de lechón, así que Janni, no te preocupes, que no es necesario un pavo.





AtraZo Social

2 11 2009

atrazoSiempre me he preguntado acerca de ese error gramatical, que groseramente produce el rudimentario eufemismo del afiche de “atrazo menstrual” que (re)vela la clandestina informalidad de los abortos en Lima.

Bien se puede pensar que la intención de quienes se oponen a la despenalización del aborto terapéutico es bloquear el camino hacia la legalización del mismo. Claro, sin haberse quejado nunca de aquella práctica en sí, que a estas alturas está fuera del debate, pese a su recurrencia nada despreciable.

Lo curioso es que la única solución que estos grupos plantean es la prohibición mediante el horror. El dominio casi por la fuerza dada la poca potencia social que ya tiene el discurso cristiano católico. Ya no se dice: “los cristianos elegimos no abortar”, sino que hace uso de una posición de poder cuando ya no se puede persuadir a la consciencia, aún por encima de quienes no se sienten representados por ellos.

De todas formas, endurecer el marco legal ha probado ser más que poco efectivo, contraproducente.

AbortionSe puede encontrar una causa para la ferviente actividad legal de las organizaciones católicas en el casi nulo rigor que muestran sus fieles cuando hablamos de conducta, por lo cual los padres de la Iglesia –Cipriani a la cabeza-, ahora defienden que el no cumplir la ley religiosa se convierta en crimen, ya no ante la devaluada institución eclesial, sino también en la sociedad, lo cual es peligrosísimo. Si no acatar el mandato de un dios particular se vuelve crimen, ¿en qué se diferencia el cristianismo de países fundamentalistas como Irán?, ¿qué otras guerras santas nos esperan?.

El dogma intenta borrar la inconsistencia del mensaje como del mensajero. Seguir pensando que la Iglesia “defiende la vida” precarizando las condiciones de los grupos menos favorecidos, negándoles alternativas para el control de la natalidad o perennizándolos en la miseria es ingenuo, pero finalmente es el mensaje: conviene un pueblo pobre, pobre de pensamiento y de espíritu, conviene la mansedumbre de la oveja ante el pastor en lugar de desarrollar una ética en los fieles; allí está la “predilección por los pobres” y la voluntad de dominarlos. El poder del mensaje radica entonces en la sumisión del receptor. La estadística habla de eso, esperemos que poco a poco los sujetos también.





Del habla infantil al eufemismo global

21 10 2009

eufemismo1 En psicoanálisis hay una paradoja que a la gente se le hace difícil entender, simplemente porque es totalmente subversiva: el uso de la palabra no es revelar, sino ocultar.

Recuerdo cuando, aún primariosísimo, le conté a mi abuela antes del almuerzo que tenía un amiguito negro en el salón. La comida llegó, es cierto, pero luego de tremendo manazo en la jeta con el que me avisó que había una palabra para nombrar a esa gente: se les dice “morenos”.

Lógicamente, mi amigo siguió siendo para mí y para todos los demás en la clase, simple y alegremente “el negro”, seguramente hasta que llegábamos a casa, porque si cualquiera tenía una abuela como la mía, con una derecha potentísima, era mejor cuidar la boca.

Sospechaba ya a esas alturas, que algo había de raro en el uso de ciertos sustantivos: la gente se crispaba a morir con solo oírlos. Así, aparte de los negros, también los chinos, cholos, chatos, cojos y bizcos empezaron a tener nombres oficiales muy diferentes a los primeros, nombres rebajados y simpáticos, casi mentirosos.

Los efectos no pasaron desapercibidos en el salón, nos dimos cuenta que se podía causar el mismo efecto insultante y perturbador sin recurrir a una metáfora para fregar. Las chapas fueron entonces, “indio”, “tuberculoso”, “enano”, “serrano”, “traumado”, “cabro” y otros. Empezaron en esos tiempos a castigarnos por esas bromas discriminatorias. ¡Estábamos intranquilizando a nuestras familias y al colegio!.

Yendo a un plano más amplio, me impresiona el uso de códigos de lenguaje que hay en la ciudad global. Por ejemplo, debemos cuidarnos, no sólo de no usar palabras que tienen una supuesta carga ofensiva, sino también debemos esforzarnos por nominar de nuevas maneras a nuestros “buenos prójimos”, generalmente usando diminutivos o alguna otra palmada en el hombro social.

Por supuesto esto va mucho más allá del uno a uno, la prensa así lo demuestra manipulando la interpretación de un hecho con eufemismos que liberen de culpa a la cultura (o a los perpetradores que nos representan). Me pregunto, ¿cómo es posible llamar “técnicas de interrogatorio” a lo que se hace en Guantánamo?, ¿daño colateral se ajusta realmente al genocidio étnico Israelí en la franja de Gaza?, o ya yendo a lo local, ¿podemos confiar que cuando un ministro, aprista especialmente, dice que un asunto “está en investigación”, finalmente se llegará a alguna conclusión?.

Eso deja un par de puntos:

1) No queremos ofender, pero ofendemos. Yo no sé qué siente el “Ángel del Deporte”, cuando le dicen “angelito” en lugar de llamarlo por su nombre. Eso tranquiliza al emisor de la amenaza de la alteridad. Si el emisor es el Estado, por ejemplo, usará a la prensa para decirnos a nosotros “angelitos”. Hay una liberación de la responsabilidad por parte del hablante y un efecto de diferenciación compasiva: uno abajo y otro arriba.

2) Hay un gran uso social de la imagen. Es muy fina la diferenciación entre “buenos” y malos, que reconocemos si nos damos cuenta de quiénes son merecedores de ser encubiertos por los códigos de lenguaje mediático. 

Lo que se logra finalmente es abrir más las brechas sociales dejando fuera del discurso a personas, colectivos y acontecimientos.





En octubre sí hay milagros

13 10 2009

argentina_0 ¡Qué duda cabe que el Perú es un país lleno de soñadores!. Tenemos una historia llena de héroes, santos, batallas, tradiciones, supersticiones, iglesias, fútbol  y básicamente mucha esperanza que nace de la certeza de que de alguna forma las cosas serían diferentes hoy si hubiéramos tenido más suerte ayer. El Otro de la historia no se nos ofrece precisamente como nuestro favorito, sino por el contrario, como un vil opresor al que hay que hacer desaparecer.

A los peruanos nos gusta pensar que somos creativos, que podemos tejer un mundo donde finalmente somos más y mejores que los otros. Allí entra a tallar el famoso “ingenio criollo” que no es más que la técnica vital que aspira lograr hacer mucho con poco, porque de antemano sabemos que nuestras condiciones normales son precarias, que lo que nos toca no es suficiente.

Y sí, es una característica de lo criollo la pretensión de “sacarle la vuelta” a la Ley, al Otro. Tener calle, aprovechar los descuidos ajenos, finalmente es la muestra externa de un deseo de compensar el calvario de la falta que está presente de antemano ante la perspectiva de una un bien hacer que se significa como castrante.

Entonces tenemos una cultura ambivalente, hablando de forma general. Vivimos la fantasía de lo que debería ser por un lado, quejándonos de todo lo que no marcha, pero contribuimos sin descanso a que eso que aparentemente nos hace rabiar hasta la desesperación se mantenga tan sólido como siempre. Decimos una cosa y hacemos lo contrario. Sólo hace falta notar la equivalencia entre “creatividad” e “informalidad”. Digamos que “se sufre porque se goza”.

6:57 p.m. del 10 de octubre y el cabezazo casi invisible del charapa Rengifo materializaba la fantasía de los peruanos: se saciaba esa necedad de esperar que lo mágico acuda en nuestro rescate. Finalmente algo había ocurrido y nuestro eterno proletariado futbolístico se desvaneció de repente para pasar a ser durante un sólo minuto, el bálsamo social que todos necesitábamos, una luz que nos decía que sí se puede, de verdad. Pero ocurre fatídicamente que poco sabemos hacer cuando las cosas son de verdad.

La posterior derrota, con gol en fuera de juego, ha reforzado como pocas cosas el fantasma histórico de la eterna pérdida y ese impulso cínico criollo a gozar a más no poder de lo que el Otro nos “roba”. Excusa suficiente para regodearse en el “casi” futbolero que alimenta los diarios deportivos en sus momentos de mayor gloria y que puede caracterizar una suerte de síntoma nacional.

La balanza se decanta, no sin razón siempre para el mismo lado. Milagro de octubre de San Palermo que desató nuevamente el goce nacional.





Crónica de un hombre derrotado

5 08 2009

Mi hermano me provee de cuando en cuando de las cosas más estupidas de Youtube. Tengo que decir que esta vez se anotó un golazo: no hay más que mirar a los ojos al protagonista como para identificar al amigo necio que todos tenemos.

 

 

Ahora sé por qué hay más poetas hombres.





Para el álbum de frases…

25 07 2009

“La impostura sirve sólo para cubrir la impotencia”

Demoledora como siempre, Marita Hamann habla de la pose.

 

Voy a estar figurita”

Lourdes Flores y su campaña gástrica.

 

Por Dios Santo, caballero, que quisiera que todos los franciscanos estuvieran en el quinto infierno y que mil veces me han dado tentaciones de pegarle fuego al convento y hacerme turco”

Fray Hilarión, desencantado.





El cuerpo humano: real y fascinante

23 07 2009

cuerpo humano

Ha habido gran polémica en muchos países acerca de esta muestra dados algunos cuestionamientos morales en la mayoría de los casos. No es mi intención hacer una crítica de ese apartado. Hay, creo, cosas más interesantes a pensar.

“El Cuerpo Humano…”, entonces se propone básicamente como un espacio para mirar: uno ve los diferentes sistemas y sus órganos, además de los diferentes grados de degeneración por malos hábitos alimenticios, contaminación o vicios.

Pese a ello, no se trata de una exposición meramente didáctica. Todo lo contrario. Se desnuda el goce moderno de lo verdadero, pues su apuesta es el “arte anatómico” o lo que se desprende, que es que no importa ya la representación sino la presentación del cuerpo –no por gusto la publicidad del evento tiene un slogan casi aclaratorio: “CUERPOS HUMANOS REALES”-. Así, encontramos a los cadáveres en diferentes posiciones y movimientos, que, cotidianos o no, conducen a la fascinación ofrecida en el título, la del funcionamiento de la maquinaria, que remite primordialmente a lo familiar del propio cuerpo, proyectado al exterior, y significado como extraño.

Hay que resaltar el uso dado a la muerte en este caso: generalmente en la actualidad la muerte (tanto como el espacio vacío) es aborrecida, pero aquí se la elimina torciendo su significado de horror, dominándolo, haciéndolo inofensivo y didáctico. Quizás el arte moderno de la realidad se haya descubierto como fórmula aquí.

Es también una gran curiosidad que todos los cuerpos donados sean chinos; no hubiera pensado que en oriente fuera más facil conseguir donantes. Raro, pero siendo un poco suspicaces, podemos decir que si hay espacio para la muerte en el arte, también en el mercado negro.





La guerra del hortelano

15 06 2009

BaguaHan pasado más de dos meses desde el levantamiento en la selva y lo que se ha oído por aquí solamente es que algunos “salvajes” han conculcado los derechos de todos los peruanos al bloquear carreteras y desabastecer poblaciones con su medida.

Es una mala forma de empezar si uno quiere ser inclusivo: ellos y nosotros, los buenos y los malos. Esa polarización se ha ido acrecentando en los medios, especialmente los comprometidos directamente, a saber, los limeños. Las comunicaciones oficiales fueron un poco más allá enriqueciéndose de adjetivos, empezando por eso de “perro del hortelano”, que no es más que una forma de decir que si uno no está a favor de Alan, está en su contra, y si uno está en contra, no existe.

Así los medios locales especialmente se han alineado mal que bien y transcriben al Amo: los caídos han sido divididos entre “muertos nativos” y “policías cruelmente asesinados”, “salvajes asesinos” y “valerosos policías”, “agitadores comunistas” y “verdaderos demócratas”, velando el Real de una alteridad que amenaza.

Me he quedado pensando especialmente en la extraña magia que poseen las balas a quemarropa oficiales y que no se encuentra en las armas indígenas, que no son capaces de producir “desaparecidos”; también en la facilidad con que se cierran radios, se suspenden congresistas, se reprimen marchas y se controlan ONG´s, ¿qué no era exactamente esto lo que se le restregaba a los gobiernos de Bolivia y Venezuela?. Hay una urgencia de borrar el miedo en el gobierno, entonces empiezan a desaparecer cosas.

Finalmente, se ha demostrado que negociar con la política del “perro del hortelano”, es negar al otro y su palabra, los efectos están a la vista. Muy propio de un gobierno amorfo como el nuestro.