El coleccionista de deudas (carta abierta a mis viejos amigos)

30 03 2009

Nunca reviso correos antiguos, por inútil seguramente, por cursi y ridículo. Pese a ello, hoy se me hacen dolencia las cartas que nunca respondí. Quede por sentado entonces que estas sí llegaron, las leí hoy tal vez con algunos años de atraso (tal y como acostumbro cuando hago algo), y es que, ahora me doy cuenta, las cartas no eligen en qué momento ser leídas, y vaya uno a saber, presiento que esa es la mejor de las formas en las que deben leerse las cartas. Igual, poco me alivia ese consuelo.

Quizá para otros este sea un mal menor, uno que por insignificante no merezca ninguna atención ni queja y ciertamente para mí también lo era, pero, ¿quién se cree que es uno para andar ordenándole al recuerdo que retroceda para siempre y que se resigne a ser pasado?.

Recuerdo, por ejemplo, cuando era un chico, y disfrutaba de caminar entre la neblina: me decía a mí mismo que los amigos eran para siempre y que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, solía hablar mucho diciendo poco en realidad y me divertía arroparme entre la gente en horas de parloteo; pienso que por eso se me hace increíble que tuviera en esos tiempos tantas orejas escuchando y abrazándome.

Siendo sincero, se me hace difícil pensar en cariños más valiosos que los que se dan a quien no cree que te está dando nada en especial. Los que son así nomás, naturales, por las puras.

Así empecé a endeudarme.

Yo era un muchacho liviano, también de pensamiento y muy posiblemente no contaba con el funesto factor del crecimiento, eso que te mata el fuego y te vuelve más como los otros. Democráticamente, concluyo, uno se va diluyendo al paso de los años, tengo la esperanza de que no hasta la muerte.

Creí, como Westphalen, que uno se calla porque solamente el silencio hace que la muerte se detenga en los umbrales, pero a veces una palabra basta para derrotarla; también se las debía, porque temer eterniza lo temido, porque es una cobardía hacer invencible al enemigo.

A veces mirar para atrás nos recuerda lo que fuimos, y lo que queremos ser.

Gracias amigos, siempre.

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2 responses

11 04 2009
Vero

Con que no te endeudes conmigo, todo bien. Pobre de ti que no abras mis mails!

12 04 2009
Eduardo Álvarez

Espero dejar mi adicción a las deudas pronto, jaja.

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