Mentir con autoridad

31 01 2010

_40410919_blair_close203ap Tony Blair hoy defendió la invasión y destrucción de Irak a la que él ha llamado “una reacción al cambio en el riesgo luego del 11-S”, donde “si había que derrocar a Saddam Husseín, lo haríamos nuevamente, para eliminar sus planes de fabricación de armas de destrucción masiva”.

Una vez más el discurso en pro de la protección del mundo libre, devuelve al lado de la justicia a la “guerra contra el terror”, que pese a haberse encontrado con algunos reveses como el absoluto rechazo de la opinión pública mundial o el hecho de que en verdad no hubieran encontrado ningún indicio de ADM (Armas de Destrucción Masiva), sigue sobre ruedas.

He de hacer algunas preguntas, que seguramente pocos se harán, en especial si aparecen en medios masivos y serviles (CNN en español hoy cubrió la sesión de 6 horas de investigación a la gestión Blair con unos generosos 45 segundos), tales como si realmente como dice el ex primer ministro británico el riesgo aumentó radicalmente luego del 11-S, y si Irak tenía algo que ver realmente con todo ello, y si no, por qué ellos pagaron el precio y no otros sospechosos más sólidos.

En primer lugar, es necesario hacer algo de memoria para comprender la lógica del actuar de las potencias hegemónicas del mundo.

Hay un concepto crucial para entender cómo obran los dirigentes mundiales y es el “interés”. Separar los valores de ganancia de los que no la ofrecen revela el funcionamiento de la dominación. Así, implantar el miedo en la opinión pública local para los Estados Unidos es muy valioso, pues así hay una justificación noble para los crímenes cometidos (además del nada despreciable presupuesto para la defensa, la justificación para venta y desarrollo de armas, el supuesto aval popular de la agresión a países extranjeros, etc.), en cuanto que por el contrario, las protestas mundiales más enérgicas no significaban nada pues los contribuyentes no están involucrados.

El 11-S, en tanto aquello no cambió radicalmente el mapa del riesgo como dice un Blair ahora con el rabo entre las piernas, sino que, en términos prácticos, hizo material la mascarada de la amenaza permanente con que se mantenía a raya al populacho; como en una mala película, los ataques rasgaron en acto el cuento tantas veces utilizado de “los enemigos de la libertad”.

No hay que ser un genio para sospechar del perverso uso global de las comunicaciones, diríamos psicoanalíticamente que quien comunica ostenta el saber acerca del goce de la sociedad, en otras palabras, hay un saber acerca de qué fibras tocar y se hace uso de ellas para ejercer poder. En ese sentido es que la mascarada se volvió real e incalculable, el miedo se hizo material y dio paso a una angustia generalizada que proveyó de fundamento a acciones que no tuvieron nada que hacer con el tema, por ejemplo, la invasión a Irak.

Hablando de invasiones, está de más hacer un recuento histórico de las atroces invasiones en el mundo de la dupla anglo-estadounidense, pero quizás si sea conveniente revisar sus intereses en juego: la posición geoestratégica de Irak, sus recursos energéticos y la debilidad de su ejército hacen que el costo beneficio sea abismal, digamos el premio gordo.

Y claro, el que sea un país indefenso es clave, pues uno puede usar la fuerza por cualquier razón y realmente no esforzarse demasiado, por aquello es el único país del bautizado por Bush hijo “eje del mal” que ha sido atacado: no el que tenía armas para destruir el mundo como se dice, sino precisamente quien no las tiene, lo cual es un doble crimen.

Recordemos también que los esfuerzos de la ONU por la paz, poniendo cualquier ejemplo, como acuerdos contra la proliferación de armas químicas, biológicas, nucleares, uso militar del espacio exterior, y todos los que se nos puedan ocurrir que son un avance en la humanización del mundo han sido bloqueados por principalmente dos aliados: Estados Unidos e Israel. Eso da que pensar de las definiciones que ellos tienen de la palabra “defensa” y de “terrorismo”.checas

La paradoja que se desprende de las posiciones de los países paladines de la libertad y la justicia divina es la siguiente: si yo lucho contra el terrorismo utilizando prácticas terroristas, ¿soy yo mismo un terrorista?; si me defiendo de las amenazas que suponen países extranjeros que aún no atacaron, atacándolos, ¿me estoy realmente defendiendo?. Claro que para practicar esa suerte de principio de equidad hace falta un componente moral que es totalmente incompatible con el capital y la dominación; por ello los ideólogos terminan decantándose por la explicación más simple y maniquea: ellos son los malos, nosotros sólo matamos a los malos, ergo, somos los buenos. Explicárselo a una madre palestina, afgana, iraquí, nicaragüense, yugoslava, sudaní, entre otras puede llegar a ser complicado.

El mal y el terrorismo son difíciles de definir de forma universal, porque son relativos a quien hace uso de la palabra, por ello se debe saber cómo usarla. El problema es que quienes lo hacen se guían del principio de interés directo que explicamos más arriba, lo cual deja poco o ningún espacio para un saber acerca de las acciones cometidas, sólo la hegemonía del Amo ciego que quiere ser eterno.

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