El regreso del álbum de frases (masculinas)…

28 12 2010

 

“Maldita sea nuestra alma mater”.

Rodrigo Sarmiento, cargando furiosamente contra los efectos estético-sociales de la democratización de la entrañable educación pública.

 

“Tilsa Lozano estaba en mi cole. Se quedó hasta tercero de secundaria y luego se marchó to fuck her way to the future”.

Rodrigo Sarmiento, añorando, al contrario, sus etapas escolares.

 

“Agarrarle fetiche a las tetas pequeñas es como ser un franciscano de las mujeres”

Eduardo Álvarez, últimamente minimalista.

 

“Ya sabes lo que se dice: mientras peor huelen las conchas, mejor huelen”

Adrián Nario, que parece nunca estar satisfecho con el alcance de sus frases…

 

“Yo dejo que mi esposa haga las rabietas que quiera, porque cuando esta asada limpia de la puta madre”

Renzo Novoa, un machazo de aquellos…

 

“Esto no es casualidad, pues cuando yo aún no era cantante tampoco trabajaba. ¡Es una vocación!”

Javier Krahe, quién más.





Para el álbum de frases masculinas…

7 05 2010

 

“Suplíamos nuestro miedo a la castración con el siempre útil falo del saber ostentoso…”

Javier Urbina, quién sabe por qué, añorando las prolongadas sequías de sus tiempos universitarios.

 

“Fuiiiiiiiiiiiiira oe… a la gente le gustan las despachaditas, jaja”

José Verano, demostrando que hay hombres que son vulgarmente determinados por el volumen.

 

“Sólo a los cholos y a los idiotas les gusta la cantidad…”

Judith Saiz, defendiendo erizada la belleza de la mujer minúscula ante la amenaza de la medida.

 

“Me follaría a todas porque esa es mi misión en la Tierra”

Joey DeMaio, un iluminado.





Para el álbum de frases de fiesta…

20 04 2010

 

“Iré vestido como si tuviera plata. Eso siempre funciona”.

Rodrigo Sarmiento, confiado en su saber empírico sobre la mujer.

 

“Dejemos las latas de chela que trajimos a la fiesta en la refrigeradora, y tomémonos el whisky”

Samir Ziane, que parece saberse bien el principio del costo-beneficio.

 

“¡Qué tal diarrea, varón!, me echo un pedo y sale un Monet”.

Renzo Novoa, finísimo como siempre.

 

“De no ser por nosotras, quizás nunca hubieras tomado Jägger…”

Estefi Erenfryd, una de las que posee el dudoso mérito de haberme iniciado en la terrible actividad de la intoxicación por Jägermeister, que no le deseo a nadie.





Para la galería…

14 04 2010

-Clic en la imagen para aumentar-

 

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Carburadores “Del Lorto”.

 

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DirecTV no tiene piedad, como Pilato.

 

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Hay quienes trabajan honradamente y se gastan la plata en cojudeces. Hay quienes roban aprovechando eso.

 

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Alquilar una habitación sin inaugurar cobra otro sentido en este telo…





Para el álbum de frases

13 04 2010

“…como si el ascetismo en algún punto de la historia occidental haya dado prestigio a alguien que no sea el prestigio de ser un soberano cojudo…”

Eduardo Álvarez, escéptico acerca del pago con prestigio.

 

“No quiero discutir, hoy no pienso”

Judith Saíz, demostrando que mandar periódicamente de vacaciones a las neuronas es totalmente saludable.





La venganza de Gastón

8 04 2010

No soy de los que se enorgullecen de la comida peruana, de los que se molestan y pontifican si algún extranjero se queja del ají o de los que piensa que el king kong chiclayano pertenece al “exquisito bagage gastronómico que nos hermana y funda nuestra identidad como nación”. Nada de esas cursilerías. Más bien me arriesgo a que me tachen de antipatriota (porque gracias a Gastón ahora uno ya no confiesa algunas cosas) cuando digo que el pisco me parece una bebida subalterna y destructiva, que no hay nada de mágico en la pachamanca artesanal, que puedo vivir tranquilamente y sin extrañar en lo más mínimo al cuy chactado y sus garritas o que el tacu tacu con huevos fritos está francamente sobrevaluado.

Claro que a pesar de estos detalles sí me parece una suerte vivir donde hay buena comida, pero como repito, no me mueve el más mínimo orgullo por ello, primero porque yo no inventé ninguna receta aún y en segundo lugar porque me parece una ridiculez eso de irte una semana de viaje y ya decirle al mundo que no puedes esperar a regresar al Perú para ir de nuevo al chifa.

A propósito, es un caso curioso el del chifa, que siendo chino despierta una fascinación singular entre los peruanos, tanto que se han tejido leyendas, escrito libros, lanzado documentales acerca de ellos, informes acerca de sus baños, cocinas y en fin, cualquier cosa que uno pueda imaginar. Todos terminamos creyendo entonces que los chifas son más peruanos que uno, que su encanto es inseparable de nuestra identidad cachinera.

De esas cosas hablaba cuando Mumi me interrumpe, violenta:

– ¿De qué hablás, bolúh?, si en la Argentina hay shifas lo mismo, ché.

– No puede ser… Gastón dice… y Mariela Balbi…

– Esas son pavadas, lo único que falta es la Inca Kola. –continuó blasfemando la impía.

Recordé de inmediato dos cosas, como siempre. La primera fue hace unos 6 años en Ecuador, donde fuimos a comer “al chino”. Logré sacar de lo reprimido que allí me empujé un arroz “chaulapán”, que es como llaman al chaufa allá, con pollo Tipakay. Efectivamente todo era igualito que en el centro de Lima. Aún lo pude combinar con una Inca Kola para envidia de Mumi.

Lo segundo es el patrioterismo legendario de América Latina, la pretensión de que lo de los otros no existe. Está la leyenda (que me enseñaron en clase de Educación Cívica del colegio, increíblemente) en la que en una suerte de Campeonato Mundial de himnos nacionales, como si eso existiera, el himno peruano quedó en segundo puesto, sólo superado por la Marsellesa. Y lo creí, hecho el pelotas, toda mi niñez hasta que me contaron lo mismo en México, y en Colombia, y en Ecuador.

Gracias a esa conversación decidimos no ir al chifa, sino al T´anta del centro de Lima. Estábamos Renzo, Kristin, Estefi, Mumi y yo; 5 personas hambrientas y acaloradas que se apresuran a sonreír entre amables y prepotentes para obtener sus bebidas sin demora. Sin embargo nuestro mozo, Doifer, tenía otros planes, así que hizo su trabajo y nos recitó de memoria un montón de cosas que no nos interesaban un carajo. Luego de eso recién apuntó los pedidos con cierta molicie.

La alegría se iba diluyendo con cada minuto que pasaba, y casi se nos terminó cuando llegaron las limonadas 18 minutos después. Se nos ocurrió preguntar si por casualidad la comida se iba a demorar igual o más porque que sepamos no hay gran dificuldad en hacer limonadas. La respuesta fue criolla como el ají de gallina: “ya sale, ya”.

Por supuesto que el tal Doifer estaba escondido tras las columnas del restaurante cuando Renzo se paró frotándose los nudillos 20 minutos después, y permaneció así, presa del terror los otros 25 restantes, hasta que finalmente trajo lo que pedimos, que estuvo bueno, pero 45 minutos luego, no es lo mismo. Cuando terminamos, me paré tranquilamente y le pedí a otro mozo un par de formatos de sugerencias. Doifer apareció de repente como un ninja, quizás menos atemorizado de mí que de los músculos hinchados de Renzo, murmurando lastimeras excusas tras mi hombro que no quise responder ni con la mirada. Creo que la última cosa que me dijo fue:

“No fue mi culpa señor, la culpa es de cocina, ponga eso pues…”

Yo creo que eso de blasfemar contra la comida del Perú y el chifa tiene sus efectos kármicos, hay algo que se huele en la incredulidad del comensal. Doifer tenía un olfato agudísimo y creo que por eso nos maltrató. Fatídicamente eso no fue todo, Estefi no pudo ir al karaoke esa noche, castigada por la venganza de Gastón, que se equivocó de argentina.

Igual no todo es malo, prefiero indigestarme en el Perú con una causita de atún como Estefi, que con las horrendas y resecas arepas colombianas por ejemplo o con esa oda a las habichuelas que es la comida en todo centroamérica; tenemos mucha suerte sin duda, pero dejemos ya esa huachafada del orgullito del almuerzo sólo por peruano, total, así como no hay resentimiento, no hay orgullo en el puro azar.





Para el álbum de frases…

5 04 2010

 

“Renato Andrade no mendiga”

Renato Andrade, que quien sabe qué encanto le encuentre a fanfarronear en tercera persona.

 

“Eso de coleccionar memorias está bueno para las abuelas y los desempleados”

Rodrigo Sarmiento, harto de ser citado en este álbum.

 

“Lo malo de tomar tanto es que te quita años de vida; lo bueno es que te quita los últimos”.

Renzo Novoa, antes de gatear hasta su vaso.

 

“Mi partido no tiene nada de nazi, neonazi ni antijudío. Le pido disculpas públicas a la comunidad judía y niego totalmente algún antijudaísmo”.

Ricardo de Spirito Balbuena, el “Adolfo Hitler tacneño”.





Top 10 de cojudeces modernas

18 03 2010

Por cierta extraña particularidad me doy cuenta inmediatamente de algunos de los menesteres más idiotas y haciendo un ejercicio de buen humor repaso los que creo más saltantes, de esos que por una cuestión meramente temporal no entran en la famosa escala de Vivansky y Lobinsky que anota el gran Sofocleto en su libro “Los Cojudos”. Y es que esto de la era de la información tiene cosas buenas también.

  1. Tener un blog.- Complejo de fiscalizador y escritorzuelo que le da al dueño del sitio unas inocultables ínfulas de importancia intelectual culturizadora. Claro, hasta que se da cuenta de que no lo leen ni los familiares y en el remoto caso de que así lo hicieran, se pedorrean olímpicamente, como toda la sociedad, en las opiniones ilustradas del nuevo cojudo. El caso se puede agravar si se le ocurre escribir acerca de su propio trabajo, lo cual desembocaría irremediablemente en que no sólo habría un cojudo más en este valle de lágrimas sino también un nuevo profesional en el antiguo arte de patear latas con efecto.
  2. Conseguir pareja extranjera por Internet.- Caso agudo de resignación ante la impotencia social acompañado de una profunda despersonalización que lleva al sujeto a creer que el otro le manda fotos reales cuando él manda las de algún amigo medianamente normal. Lo más dramático de este caso es que el cojudo en ciernes termina por realmente enamorarse y creerse eso del viaje al extranjero –que por cierto siempre paga-, hasta que, luego de la terrible decepción, abandonado y solo, se da cuenta que está fregando platos en un rincón de la Conchinchina en el mejor de los casos o que simplemente el supuesto amante necesitaba ama de llaves y llega a la conclusión de que le han metido el dedo hasta el fondo. Para este tipo de cojudez no hay remedio, porque las estadísticas demuestran que quien lo hizo una vez, indefectiblemente lo volverá a hacer.
  3. Ser fanático de un grupo koreano.- Es bien sabido que no hay nada que anestesie más la corteza cerebral y el lóbulo prefrontal que unas horas de exposición a esa seguidilla frenética de sonidos ininteligibles. Estos cojudos son especialmente peligrosos, porque acaban por contagiar su afición a toda la familia, que hasta llega a llevarlos con orgullo a la televisión, con la esperanza de que las imágenes de las coreografías que con tanto esfuerzo lograron copiar lleguen a Korea, lo cual es una reverenda cojudez habiendo hoy métodos más efectivos de demostrar que a ellos no les importa un carajo lo que ocurre en esta parte del mundo.
  4. Ser un experto en videojuegos.- Regresión mental por terremoto sensorio motriz infantil, que ha dejado fijado al individuo a la sobreexcitación de los sentidos en la realidad virtual a la que ahora es ferozmente adicto. Este tipo de cojudos son consumidores perfectos, pues compran siempre en original y suelen arrasar con lo nuevo que haya aunque no les guste, pues hay que tenerlo todo. Y lo tienen claro, porque en su mundo no existen las cosas realmente importantes, como las mujeres o el trabajo.
  5. Jugar Farmville.- Acojudamiento virtual económico por inmersión en la lógica interminable de acumulación feudal-gamonalesca con inversión repentina del sueño que termina en gran cantidad de casos postrando para siempre al cojudo de marras frente al computador durante la noche, en que se vuelve adicto a comprar cachivaches como chanchitos u ovejitas, cuando después de su despido por quedarse dormido en la oficina no tendrá ni para imprimir un nuevo currículo. Un claro caso de cojudez “de la noche a la mañana”.
  6. Creer que el mundo se va a acabar.- Quinta esencia de la cojudez elemental por traumatismo social-religioso con variaciones new age, que lleva al sujeto al dilema ontológico de prepararse espiritualmente para dicho suceso o dilapidar sus pocos ahorros viviendo como un rey. Cualquiera sea la respuesta está perdido, pues al llegar la fecha predicha y no pasar nada, o se verá rodeado de los hare krishnas que le lavaron el cerebro y desde luego propondrán nuevas fechas hasta el infinito, o si se dedicó al derroche, lo único que le espera es la más miserable de las bancarrotas.
  7. Buscar trabajo por Internet.- Una de las formas clásicas de la cojudez actual por degradación profesional y reducción volitiva, por no ser capaz de entregar personalmente un papelucho, que terminan en la convicción aplastante de que los 84 currículos que se han mandado la semana pasada, con carta de motivación y todo, no han servido para un carajo, y que el gran sueño de ser alguien en la vida sólo dura hasta que se termina la universidad.
  8. Trabajar bajo presión.- Devastación del orgullo por aplastamiento capitalista que desarrolla un acojudamiento cotidiano y estado de resignación cada vez más profundo, pues la personalidad termina anquilosada ante la inminencia del carajo vertical y fulminante, venido del jefe primordialmente aunque luego la costumbre se generalice alegremente en toda la oficina, donde el fatigado cojudo llegará automáticamente a responder ante los insultos, de manera que termina sirviéndole el café hasta al portero.
  9. Usar Twitter.- No hay instrumento de la modernidad que tenga tanta fama de fabricar cojudos como el Twitter, que es el simplemente sitio donde se reúnen quienes no saben diferenciar el tiempo libre del útil. Uno sabrá que se está hablando de un cojudo de siete suelas cuando se le sorprenda furtivamente reportando ante su legión de 4 o 5 seguidores cosas como la temperatura de la sopa del menú de la esquina de la oficina o el tráfico camino a casa, lo cual es una estupidez olímpica siendo que vivimos en Lima y siempre estamos en hora punta.
  10.  No tener correo electrónico.- Absurdo romanticismo pasotesco propio de cojudos altamente rankeados que suele acompañarse por un embrutecimiento informático, pues ya no es sólo no querer tener cómo mantenerse en contacto con los demás –por este delirio paranoide de querer estar siempre inubicable, como si eso le diera misterio al asunto-, sino que se desarrolla una ominosa incapacidad para hacerlo llegado el momento, que casi siempre es cuando tiene que hacer algo útil de su existencia y se da cuenta que ha sido un perfecto imbécil toda la vida.

Debo aceptar con hidalguía que soy partícipe de algunas de estas costumbres, lo cual no menoscaba la validez de esta lista, todo lo contrario, enaltece la dimensión de la cojudez con conocimiento de causa, que sin ser virtud, finalmente es atenuante.





Para la galería de imágenes…

12 03 2010

IMG_0801Realmente no me puedo imaginar…

 

IMG_0807 A eso llamo yo “llevar los pantalones bien puestos”.

 

IMG_0803 Si el baño de ese cebichero está malogrado, no quiero ni entrar a su cocina, que está al lado.

 

IMG_0810 

Camote, rendido por un arduo día de gemidos y demandas de amor.





Para el álbum de frases

28 01 2010

“… las peores aberraciones siempre se ocultan tras las más nobles intenciones…”

Noam Chomsky, que parece haber estudiado en mi colegio.

“Llámalo una cuestión de moral. Una cosa es ser un hijo de puta y otra un conchasumadre”

Anggela Espinoza, descubriendo el significado de la vida.

“…qué tal si te vienes a París y trabajas desnudándote para los pintores de bellas artes?. ¡50 euros la hora!, yo lo haré…”

Joecelyn Seminario, sobredimensionando mi crisis laboral y sus cualidades físicas.

“Como en el medioevo, los que escriben la historia sólo se manchan las manos de comida y tal vez de tinta”

Rodrigo Sarmiento, ansiando ser burgués.

“…claro, entonces las historias de sangre las reescriben los periodistas…”

Eduardo Álvarez, volviendo a la primera frase.

“…el whisky es bueno, sólo que cuesta como 100 veces más que una buena botella de pisco de dos pasas…”

Luis Miguel Aguinaga, un incorregible amante del pasado.