El decente nombre de la democracia

30 04 2011

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Partiendo del discurso moral del periodismo de los últimos años, parece distinguirse la certeza, diría hasta estoica, de que “la democracia es lo más importante”, que sobre cualquier valor de nuestra sociedad, deberíamos ser capaces de sostenerla, en especial luego de del trágico decenio fujimorista, que entre otras muchísimas cosas manipulaba a placer y casi en su totalidad a los medios de comunicación.

Así, desaparecido el dictador, los medios se regodean en reinaugurada fiesta democrática haciendo gala de su rol vigilante, apelando a lo políticamente correcto y a una moderación olvidadiza que dejaba bastante cómodos a todos y es lógico pues habiendo fallado aquellos vigilantes en los tiempos de mayor necesidad, lo mejor y más decente para ellos era mirar a otros lugares menos comprometedores; es decir, se actúa el síntoma criollo, diríamos, eso que tradicionalmente deja sueltos todos los cabos a la espera de que se anuden solos. Lo milagroso de este proceder es que tiene pingües resultados, y así, sin deber hacer más que dejar pasar el tiempo se fueron dando las redenciones poquito a poco: primero en el ámbito periodístico, luego político y finalmente moral. La década post-fujimorismo es pues, la del lento retorno.

El consentimiento mediático y la participación activa de cualquiera en hechos de violencia estatal o de corrupción fueron quedando paulatinamente perdonados sin ningún trámite al restablecerse el sueño democrático. El informe final de la CVR, por ejemplo, señala a Alberto Fujimori como responsable penal de las atrocidades cometidas en su gobierno, principalmente por el hecho de haber quebrantado el orden constitucional, quedando meramente como “responsables políticos” Belaúnde y García, dado que fueron presidentes constitucionales, democráticamente electos y respetuosos de la institución democrática. Esto es bastante gráfico, pues las violaciones de derechos humanos perpetradas por el Estado Peruano en el período de violencia política en contra de la población civil son ostensiblemente más numerosas en el gobierno aprista. Es decir, la democracia toma un valor extra en la época post-fujimorismo, el de marca moral que exime de responsabilidad a quien la porta. Caso curioso de un ideal que no se condice con el simple concepto de justicia, que paradójicamente debería sustentarlo por lo menos en semblante.

Los medios terminan el ciclo de reciclaje público hasta dejando la sensación de déjà vu (ver a Nicolás Lúcar entrevistando a Keiko Fujimori, felicitándola por la campaña realizada es un ejemplo de los más claros), el retorno moral y político de los supuestos abanderados “de la lucha contra la dictadura”, que en los medios no fue tal -más que en dignísimos pero pocos y aislados casos, desemboca en la culminación del proceso redentorio de Alan García, quien vuelve a ser electo presidente, ante la amenaza de un Humala que aglomeraba (igual que ahora) alrededor del 40% de los votos, pero que era caracterizado (igual que ahora también) como la opción “antidemocrática” pese al respaldo estadístico.

La democracia, o mejor dicho el ideal democrático, sería también entonces una herramienta útil para separar el trigo de la paja, los buenos de los malos, ignorando que hay una representatividad tras esos votos negados por el sistema.

Lo curioso es que en estos meses de campaña electoral, ese mismo argumento del “riesgo antidemocrático” ha servido para mediatizar el miedo a la escala más grande posible, donde una vez más, Humala es el señalado, en beneficio de Keiko Fujimori, representante del renacido clan, que abiertamente lucha por la liberación de su líder preso, precisamente por dictador.

Se habla en la ciudad ya del mal menor como hace 5 años, pero el argumento democrático es abiertamente inconsistente: se lo utiliza desde la moral, pero impulsando un voto exclusivamente basado en el interés económico. La derecha se ha visto en esta ocasión impotente de ocultar ese real propio tras la mascarada democrática: lo que importa es la manutención a toda costa del status quo económico.

La capital tiembla por los pasos que siente de una masa peruana a la que desconoce históricamente y por derecho divino; supone su rencor y ahora la maldice: “por su culpa, cholos”, bufa encogiendo los puños.

Lo democrático no pasa entonces, como dicen, por ser la condición básica de una prosperidad a construir, sino al contrario: la prosperidad de quienes nombran es la condición del semblante democrático. No hay ninguna moral atrás de ese argumento democrático, lo que hay es la amoralidad del discurso de un capitalismo criollo que niega al otro por un lado pero que, paradójicamente, por el otro, necesita de su hegemonía para vivir.

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Acerca del año nuevo

7 01 2010

alan1 Cada vez que escribo en el blog corro el riesgo de dejarme llevar por el mal genio. Seguramente por eso tengo un álbum de frases, uno que me divierta mientras las demás cosas me amargan un poco. Cosas como el año nuevo, por ejemplo.

Y es que el paso de los calendarios trae una ilusión de cambio que, de la noche a la mañana, puede hacer creer a muchos no solamente que sus deseos serán escuchados por el impredecible destino, sino más aún, que de veras, y sin hacer nada, la magia finalmente les tocará.

Así de simple, los enajenados seguidores de “El secreto”, forman una muralla de cuerpos que se apiñan del lado optimista de la vida, ese que Coelho, viejo mercader, les enseñó: la esperanza, señores. Como en aquellas viejas salsas duras de cárcel, tristísimas voces maquilladas en loco furor bailonguero.

El presidente ha dejado claro que le place usar su faceta maníaca y hacer institucional el sueño de ingenuidad que nos trata de convencer de que todo está mejor que nunca sin simbolismos de por medio: vaso de chela en mano, con su teteo cumbiambero: codo a codo con el Grupo 5, tal como hiciera el chino con Rossy War, típico dèja vu donde nos adulan con la fiesta que anuncia el principio del resto de nuestra historia. Como siempre.

Me molesta el “como siempre”, por que indica necedad y goce cuando no resignación de la más honesta. Mismo tono folklórico del olvido de todo, del año nuevo que se hace cargo por uno de todas las cosas, hasta que llega la factura a medio marzo.

Tengo la rebelde idea de que este es el año del fraude, sin más razones que las expuestas: siempre es un año propicio para el fraude, y claro, para las cumbias.





Para el álbum de frases…

5 01 2010

“Les garantizo que el Perú formará parte del primer mundo”

Alan García, llevando la demagogia a alturas nunca antes vistas.

 

“A comparación de Alan, hasta Toledo es un caballero”

Ricardo Álvarez, contemplativo.

 

“La flojera es más grande que el miedo”

Rodrigo Sarmiento, dejando clara la debilidad de su instinto de supervivencia.

 

“¿Esa es una pizza?… Ah no, ¡es una tortilla!…”

Anna Lía Barandiarán, impresionada por la generosidad del desayuno.

 

“Rama Khristo, Dios del Trueno, joya de la raza Raghú”

Nuevos zelotes que confunden a Jesús con Thor, a Judea con la India y demuestran de pasada los efectos devastadores del incienso que venden frente al cine Orrantia.





La guerra del hortelano

15 06 2009

BaguaHan pasado más de dos meses desde el levantamiento en la selva y lo que se ha oído por aquí solamente es que algunos “salvajes” han conculcado los derechos de todos los peruanos al bloquear carreteras y desabastecer poblaciones con su medida.

Es una mala forma de empezar si uno quiere ser inclusivo: ellos y nosotros, los buenos y los malos. Esa polarización se ha ido acrecentando en los medios, especialmente los comprometidos directamente, a saber, los limeños. Las comunicaciones oficiales fueron un poco más allá enriqueciéndose de adjetivos, empezando por eso de “perro del hortelano”, que no es más que una forma de decir que si uno no está a favor de Alan, está en su contra, y si uno está en contra, no existe.

Así los medios locales especialmente se han alineado mal que bien y transcriben al Amo: los caídos han sido divididos entre “muertos nativos” y “policías cruelmente asesinados”, “salvajes asesinos” y “valerosos policías”, “agitadores comunistas” y “verdaderos demócratas”, velando el Real de una alteridad que amenaza.

Me he quedado pensando especialmente en la extraña magia que poseen las balas a quemarropa oficiales y que no se encuentra en las armas indígenas, que no son capaces de producir “desaparecidos”; también en la facilidad con que se cierran radios, se suspenden congresistas, se reprimen marchas y se controlan ONG´s, ¿qué no era exactamente esto lo que se le restregaba a los gobiernos de Bolivia y Venezuela?. Hay una urgencia de borrar el miedo en el gobierno, entonces empiezan a desaparecer cosas.

Finalmente, se ha demostrado que negociar con la política del “perro del hortelano”, es negar al otro y su palabra, los efectos están a la vista. Muy propio de un gobierno amorfo como el nuestro.





Una vida cualquiera

22 05 2009

Digamos que usted ha tenido la fortuna de nacer en nuestro territorio. Digamos mejor que habiendo podido elegir cualquier otro destino, en su momento su alma inocente se decantó por esta tierra prometida, próspera y amable que es el Perú, y así, suspirando esperanza, usted nació.

Usted nace en el seno de una familia promedio, pero llena de un orgullo peruanísimo y con sus respectivas “ansias de superación”, que contrastaban con la pálida economía que las sostenía. Sí pues, eran tiempos de Alan García, del Alan primerizo y enloquecido, del que le dió a la palabra “crisis” su real envergadura por estos arenales. Aún así, resistían, unidos valientemente en el luminoso fortín del hogar, que le ofrecía la segura calidez del orden paterno donde afuera todo lo que se cocinaba era caos, la violencia y la miseria.

Recuerda con una tristeza fundamental el sabor rancio de la leche ENCI, que es el de la carestía; recuerda con nostalgia las ropas desteñidas, generalmente de color pastel, heredadas de los hermanos mayores que serán usadas por usted hasta el cansancio de la tela y los juguetes poco elaborados que desarrollaron su imaginación durante tantos años. Fue usted un niño feliz, aunque su padre perdiera la paciencia con facilidad, aunque su madre llorara mientras lavaba los trastos, tarde, mientras creía que dormía.

Por más peligroso que esto pareciera a simple vista, usted decide crecer y ser bueno, pues su familia lo dotó de valores sólidos, cristianos como es la costumbre, por lo cual usted iba creciendo en tamaño y en gracia a ojos de los hombres y de dios, haciéndose por consiguiente un chico responsable en el colegio, generoso compañero, respetuoso de la autoridad y temeroso de la divinidad, un ejemplo de joven, futuro del país.

Contraviniendo todas las estadísticas y las expectativas nutricionales, a medida que los años avanzaban usted demostraba su inteligencia en las materias escolares; pero también era usted un muchacho inquieto, que buscaba más de lo que le daban buenamente sus maestros poco sabios como una dádiva del sistema de instrucción estatal fujimorista. No, usted era obstinado y no se conformaba, obtuvo una beca recurriendo a los sacerdotes del colegio parroquial en el que sus padres finalmente y con muchos esfuerzo lo lograron matricular. Las cosas fueron bien, cada vez más usted demostraba que estaba destinado a un brillante futuro.

Un día usted llegó a casa y descubrió que su padre no regresaba más. Se le vienen a la cabeza todas las cosas que no importaron tanto, esos gritos, esas deudas, esas viejas injusticias de las que su madre le había enseñado a no hablar. Usted no sabe que hacer en este predicamento y nuevamente se acerca a su cura mentor en busca de consejo. Usted llora, se desahoga.

Las estadísticas. Los temidos cálculos a los que usted se enfrentó desde su nacimiento tomaban fuerza, pero usted no era un tipo que se rindiera así de fácil, así que se hizo fuerte en la fe cristiana, que aunque no ofrecía respuestas, ofrecía suficiente consuelo y oportunidades. Pero llegó el día fatal en que hasta ellos lo traicionarían, en forma de cariños inapropiados de los que usted, asqueado y temeroso, huye corriendo con todas sus fuerzas.

Usted pierde la fe, se vuelve desconfiado, solitario, tímido, ácido y virulento en sus apreciaciones, especialmente en las políticas, y trata de mantenerse alejado de las aglomeraciones. Comparte al finalizar la secundaria su trabajo con los cuidados a su madre y la preparación a la universidad.

Nadie cree en usted, como siempre, hasta que ingresa a San Marcos como un Sinbad moderno, venciendo a 12 sin más armas que su valor.

En un terco movimiento de buscar la justicia que está en su corazón, usted va y es uno de los que pone la voz frente a todos, es dirigente, pocos lo oyen, se desgañita, escribe en boletines, sale a las marchas, cree en el futuro: piensa en la lucha de clases, en los derechos del pueblo.

Piensa otra vez en el futuro cuando lee la prensa ingenuamente, esperando encontrar eco de “la justa medida que se ha tomado en vista de las circunstancias” en la universidad y en lugar de ello se lo llama “desadaptado”, “revoltoso” o “vándalo” a secas por causa de la lucha; cree que lo están discriminando por sus ideas, así como antes lo han mirado feo por ser cholo, por seguir vistiendo de color pastel, por su forma de hablar, por estar “afuera”.

Usted mira nuevamente en un enfrentamiento, cómo sus compañeros caen detenidos, cómo los golpean con esas sucias varas llenas de abuso y les disparan los casquetes de bombas lacrimógenas al cuerpo, usted ve a mujeres, como su madre, siendo golpeadas otra vez, sin misericordia, mil veces alrededor de usted, y en su cabeza hierve el deseo de la venganza de tantos años, usted no puede más y lanza con la fuerza de un Caín a quemarropa, una pedrada a la nariz de ese símbolo maligno que es el policía. Lo ha derribado, y pundonorosamente va por todos los demás, hasta que es reducido, azotado, pisoteado, encarcelado, molido a palos y salivazos, reanimado y vuelto a triturar algunas varias veces.

Debilitado, usted pide comunicarse con sus familiares, apelando a la legalidad de la que recusó hasta hacía unas horas, pide comida, agua, algo… se le niega en primera instancia. Luego se le ofrece todo aquello a cambio de la confesión de asesinato de aquel valeroso suboficial ascendido póstumamente que fue presa de su salvajismo. Lo hace, y así finalmente puede comer luego de 2 o 3 días de golpizas. Así es como usted acaba dando en la cárcel, donde su terquedad de no humillarse ante algún jefe matón y soportar los abusos de pie como su alma noble prefiere, no le sirve de mucho pues algunas cuchilladas le hacen pensar que uno no puede ser noble siempre.

Usted muere, aplastado por su futuro brillante, y mientras deja la vida piensa en su madre, y en esa cálida justicia que no existe en realidad.





La influencia porcina

6 05 2009

cerdo.

1. m. Mamífero artiodáctilo del grupo de loscerdo Suidos, que se cría en domesticidad  para aprovechar su cuerpo en la alimentación humana y en otros usos. La forma silvestre es el jabalí.

2. m. Carne de este animal. Le han aconsejado no comer cerdo.

3. m. coloq. puerco (‖ hombre sucio). U. t. c. adj.

4. m. coloq. puerco (‖ hombre grosero). U. t. c. adj.

5. m. coloq. puerco (‖ hombre ruin). U. t. c. adj.

Pienso inmediatamente en Alan. No solamente por la ilustración que, tengo que decir, ilustra la gallarda papada presidencia como pocas otras caricaturas. No, no sólo es por eso.

alan Hace unos días, en plena efervescencia paranoica despertada por la gripe, cuando se pusieron de moda las mascarillas en el aeropuerto, el gobierno de Alan nuevamente se la quita y archiva el caso de los petroaudios, osea limpia a Rómulo.

Esto no es ninguna novedad, porque siempre se ha sabido que eso de lo sucio, grosero y ruin con que se tiñe el significante “cerdo”, son como la sal y pimienta de ese partido que increiblemente nos gobierna. Sí pues, el APRA tiene una historia que cualquier gangster italiano envidiaría.

Lo que me pareció más increíble es que no habiendo ningún caso de gripe porcina en el Perú, teniendo tantos cuestionamientos la propia epidemia por motivos económicos, el periodismo se decida nuevamente a vender humo, a vender miedo, mirando para otro lado como siempre, con la excusa de que se equivocaron de chancho…

Mírale la papada, ¿quién es más cerdo?.