Acerca de los daños a las ruinas y la moral criolla

12 01 2010

solitario de sayan, delincuancia juvenil , ladron , carcel (1) Ya es por todos sabido el daño que se ha ocasionado a las ruinas de Trujillo. No es mi intención condenar a los responsables, pues los medios ya los han vapuleado bastante.

Pese a ello, es interesante analizar los sucesos más detenidamente, tal vez mirando las cosas con otra profundidad. Y es que nos hemos acostumbrado a una prensa mezquina y maniquea, que no construye más allá de la necesidad de venganza. Ojo, no es mi interés desresponsabilizar a quienes cometieron el delito, estoy convencido que la ley debe ocuparse de ellos como corresponda.

Para empezar me parece que este asunto tiene que ver primordialmente con eso que llamamos “peruanidad” y su carácter básicamente transgresivo. Antes eso que el facilismo mediático de pensar en que hay buenos y malos peruanos, justificando de paso la segregación de ciertos grupos y actores sociales poco adaptados, digamos.

Hablar de transgresión y peruanidad es sencillo, basta con pensar en cosas tan simples y cotidianas como el tráfico: uno se queja del tránsito caótico de Lima, de sus combis y del mal servicio de los transportistas, además de los accidentes y la imprudencia de los conductores, sin embargo, uno está acostumbrado a usar paraderos prohibidos, se baja y sube de los buses en media cuadra, ignora las señales de tránsito, los cruceros peatonales y tiene esa alegre sensación de que tiene la preferencia de paso siempre.

Entonces hablamos de una ética transgresiva, pues usted peruanísimamente ha evadido la culpa de haber quebrantado la ley (así sea muy levemente) acusando al semejante, que termina pagando por usted, pues uno en el anonimato hace lo que en público condena con nombre y apellido, dejando a la queja la función encubierta de sostener las cosas como están, pues yo, tan pecador como el acusado, acabo siendo un justo. Ni más ni menos que eso, la queja aquí es todo menos revolucionaria, por lo que ésta podría ser leída como una compensación imaginaria.

Es totalmente válido por consiguiente hablar de una neurosis nacional, que deja un rastro lógico de pataleos y acusaciones que finalmente, por el bien del sistema actual, no tienen real repercusión. Una convivencia del bien y el mal en una baldosa, juntos y revueltos, donde lo que se espera es el escándalo y lo que se busca es algo de sangre.

En este caso sucede claramente: el clamor popular no solo pide justicia, sino una “sanción ejemplar”, aún por encima del rigor de la ley, un castigo suficientemente potente para hacer callar a un fantasma colectivo inquietante y poderoso en el acusador. Aquí quiero ser claro: lo de la sangre no es metáfora. De ahí los pedidos de destierro, excomunión del sistema educativo y hasta pena de muerte.

Muy bien, tenemos a nuestros Cristos, nuestros fariseos y sus vestiduras rasgadas hasta los talones. La tragedia está completa y se venderán periódicos y se harán reportajes lastimeros y mediocres para estirar lo más que se pueda el circo y mientras tanto nadie hablará de esa frase clave en el video: “¿verdad que odias a tu Perú?”.

Tal vez sea más útil preguntarnos qué piensan los jóvenes del Perú, fuera de clichés patrioteros y vacíos, para trabajar su salida al mundo real y que esta no sea un acto de suicidio o sufrimiento insoportable, mínimamente. Porque podemos pensar en que las pocas oportunidades y la sensación de tener que salir a luchar contra el Perú para lograr un futuro para uno mismo, son factores que influyen en la hostilidad de estos y otros muchachos involucrados en delitos.

Por más propiedad nacional que sea la huaca es claro que no se trata de haber tocado propiedades, sino estaríamos hablando también de la deforestación de la Amazonía, de la contaminación de las mineras o del deshielo de los glaciares. No, se trata de lo criollo como institución que se sostiene condenando una criollada (o palomillada, que es lo mismo) para así tener la tranquilidad de permanecer inalterable, tras derramar la sangre del acusado. Como un tatuaje de Sarita Colonia en un reo, la acusación como modo de vida es un contacto con el ideal de lo supuestamente bueno, pero que sirve para preservar el mismo estatus anterior, en este caso, la patrona de los ladrones tatuada perenniza la condición de ladrón de por vida.

Miremos el video nuevamente, a ver qué vemos.

 

sarita





Para la galería de imágenes

10 01 2010

Porque un álbum de frases no es suficiente…

Policia sin rueda  

El crimen va sobre ruedas.

 

zeta bookstore abierto cerrado

Hoy el saber también está abierto-cerrado.

 

Hepatitis

Para curar tu hepatitis tuya.

 

gianfranco cafe mas mejor

Además en el Gianfranco hay helados bien excelentes.

 

asfalto peruano

Highway to hell.