Furia de Titanes o el Olimpo cristianizado.

21 04 2010

Había algo de fascinante en pensar a los dioses de forma humana, en invertir ese maldición moral bíblica de “estar hechos a imagen y semejanza del único dios”, de la supuesta perfección que termina siendo una cárcel muda y bastante aburrida, por decir lo menos.

No, los griegos no cargaban al lomo aquella cruz del ideal, ni mucho menos. La fórmula volteada, desacralizada, desinfectada de lo macabro de la pretensión de la verdad absoluta termina procreando un panteón de dioses creados a imagen y semejanza del hombre, que daban forma a un mundo tan imperfecto como interesante.

Entonces cuando uno va a ver el remake de Furia de Titanes, lo primero que nota es la vulgarización maniquea del Olimpo, donde ya sólo se puede encontrar el bien del padre del amor, encarnado en Zeus y el mal del truculento Hades, que, desterrado al inframundo, espera su oportunidad de venganza. Viéndolo así suena a historia conocida, al Apocalispsis quizás o a la vieja fórmula de Hollywood, de blanco contra negro.

Es de notar que no hay realmente ninguna interacción ni vínculo profundo entre dioses (además de los dos mencionados) como se hubiera podido esperar, y que las acciones del amoroso Zeus se justifican a plenitud, son necesarias enteramente, borrando todo vicio de sus actos. Esto no parece ser un hecho fortuito.

En cuanto al héroe, Perseo, nace y crece en un santiamén, aprende a luchar de igual modo y se convence de su identidad de semidiós de oídas. Es testigo de la muerte de su familia adoptiva a manos de Hades y desde ahí generaliza el odio hacia todo lo divino, sin ningún matiz, a todos por igual. Desde ahí se le reconoce la voluntad de liberación de lo celestial en una misión en la que se rodea de gente poco convencida de él, como una suma de esfuerzos de supervivencia que nada tienen que ver con la lealtad o con la justicia.

El héroe termina siendo un ensayo de cowboy épico crecido a trompicones que no sabe mayormente por qué hace las cosas, ni cómo las ha logrado. Es la reivindicación de la fantasía capitalista del individuo que puede todo solo, sin ayuda de nadie, sin ayuda de las instituciones (que vendrían a ser los dioses, o el pueblo), produciendo una imagen industrial de hombre preparado para competir por sí y para sí mismo, desligado de sus lazos sociales.

La inversión moral no es fortuita como decía al principio, responde a la demanda de la época, donde los proyectos comunes son más escasos y la voluntad de prevalecer sobre el semejante es más aguda, así como el deseo de no pensar las cosas que reciben sensorialmente. El hombre está más dispuesto a creerse en el bien absoluto sin necesidad por ende de reflexionarlo, a creer su existencia como de justicia contra la peligrosa alteridad quien no la tiene, la de los otros extraños que no comparten el mismo modo de vida.

No encuentro forma más cristiana de caracterizar el Olimpo que esta: el Bien de Yahvé contra el Mal de Satán, es decir, todo un delirio moralizador donde la lección es hacerlo uno mismo, asegurándose de luchar contra lo extraño del Mal, que siempre está en el otro.

Los personajes secundarios en general no son importantes en consecuencia. Sólo se puede nombrar a Io, la mujer que reemplaza al búho de la versión original y que termina siendo la recompensa de Zeus a Perseo por haber luchado contra el Mal, y, claro, es una recompensa personal.

La trama es lineal y predecible, apela a los momentos de acción y de ansiedad para capturar el ojo, por encima de la contemplación. Finalmente hasta el 3D es bastante insulso y no merece mayor mención tampoco. Al igual que la película, es bastante más impresionante en los 40 segundos de trailer.

Furia de Titanes el remake es un recorte apresurado, plástico y bastante insulso de lo que fue una gran producción, un intento moralizador capitalista bastante mal disimulado entre efectos especiales poco impresionantes.

Y es que cuando uno ya sabe el final de una historia (que por cierto fue alterado torpemente), cobra importancia el saber contarla, lo cual en esta época parece casi un pecado para con un mercado que requiere acción prefabricada para engordar los bolsillos de los estudios.





Outfest Perú 2009

2 06 2009

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A veces tengo poca voluntad para las cosas nuevas, no lo puedo negar; me place la mayor parte del tiempo la seguridad solitaria de mis propias divagaciones sobre las cosas y las personas, es cierto también, lo acepto. Pero esta vez no se me puede acusar de aquello: me sobrepuse a la poderosa alergia endémica que me aqueja hace años, a la arraigada y peruanísima pasión por la tardanza, a la tragedia que significó el sábado donde mi equipo perdió el día más esperado de la temporada y además de todo lo hice sonriente porque el evento prometía ser interesante. Fui, hice mi cola y me senté, esperando hasta con una cierta ansiedad crédula, cojuda.

Como dije, había hecho un pequeño ejercicio de limpieza mental-personal para prepararme. Era el sábado 30, Centro Cultural España, gratis.

Voy a tocar cada producción por separado.

Raballder (Noruega 2006 – 50 minutos)

Empezamos con buen pie aquí. Un grupo de hombres y su paso afuera del clóset, que es un paso al frente. La contingencia los lleva a formar un equipo de balonmano que es el lugar donde ellos pueden ser lo que de veras quieren. Un grupo alocado que no tiene qué esconder, ni a la cámara ni entre ellos. Raballder es una producción poco pretensiosa, sincera y esperanzadora. Bonito esfuerzo, bonito mensaje.

Me gusta ser mujer (Perú 2007 – 5 min)

Luego de una presentación chiquita y poco elocuente del presentador, empezamos con la Sesión peruana con un corto de temática trans.

Cacofonía es la palabra que me aflora naturalemente cuando recuerdo el film. Me pregunto si hay en toda la producción la más mínima idea de lo que es una metáfora, y es que la cosa es directa: te gritan al oído la demanda de aceptación. Pésimo gusto.

Ya, soné duro. Afortunadamente lo encontré en internet, así que espero que se imaginen en segunda fila con esta pieza a todo volumen.

 

El Antifaz (Perú 2008 – 5 minutos)

Más moderado, un poco cursi. Nuevamente se toma la identidad transexual en forma de una drag queen, que finalmente, cuando termina de “transformarse” desde su forma primaria masculina, simboliza el horror en la sociedad moral. Me deja el sabor de que el juego con la contraestética es una respuesta que no responde nada: la identidad parte de la exageración de los rasgos que se rechazan. El individuo en este caso decide dar la cara ante eso, haciéndose cuerpo de la segregación, pero cuerpo al fin.

Regular. 

Reel del programa Gay Friendly (Perú 2009 – 20 min)

Si hay algo que caracteriza a la producción televisiva nacional es la falta de presupuesto, y este programa es una muestra cabal de las dificultades que una organización debe afrontar para empezar a inscribir algo en sociedad. La carencia, en teoría, sería madre de la inventiva si se quiere tener un producto atractivo, que me imagino era la idea inicialmente.

Pues nada de eso. El “resumen del año” fue un solo de clichés y de improvisación que eran en el mejor de los casos terriblemente aburridos. Al mejor estilo de la televisión UHF cristiana, Gay Friendly no pasa de ser un intento de refrescar ciertos temas de actualidad homosexual que fracasa rotundamente y termina como un embrión mal alimentado y contraproducente.

Quiero ser una mujer (Perú 2008 – 5 minutos)

El máximo prejuicio moralista: “el homosexual quiere ser mujer”, de la boca de los propios aludidos. Me pregunto si estas producciones tan precarias pasan por alguna evaluación para entrar en el festival, o como cuando hablamos de fútbol y fracaso, “esto es lo que hay y nada más”.

Para tener una idea de lo que fueron estos 5 minutos infernales, nuevamente a todo volumen por cierto, hagan esto: imaginen una pantalla de televisión gigante que no capta señal como cuando no hay antena y hay un zumbido loco, a esto agréguenle una voz imperativa, casi psicótica que repetía sin cesar un constante “quiero ser mujer” en difentes tonalidades y en el centro del cuadro la cara de un transexual con una media de nylon que poco a poco es cortada con una tijera a modo de nacimiento.

Trillado y molesto, por decir lo menos.

Lo curioso es que se presentó el también poco elocuente Juka, director del corto, diciendo que quería “subvertir la escena” en Huancayo, que es de donde viene. No me imagino forma más ineficiente y primariosa de hacerlo que con “Quiero ser una mujer”.

Está mal que hable del efecto que pudo haber causado en Huancayo, total no sé que habrá pasado allá y tampoco me quedé para “El vaivén de las mosquetas” que es la obra que montó intentando sacudir los prejuicios provincianos. Ojala haya tenido mejores resultados. Yo ya no soporté más y me fui deseando no haber ido. Sin duda, una oportunidad perdida, qué lástima.





El susto de la teta ante el espejo

30 03 2009

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Hace un par de semanas vi la película y me dejó con algunas cosas en la cabeza. Me dejó pensando en cómo uno enfrenta su pasado, cómo los síntomas (aún hasta los más raros) son respuestas de las personas frente a la angustia y cómo repitiendo esa defensa uno queda dando vueltas en circulo, hasta que algo pasa y rompe con ese orden.

La película, más que nada le da vueltas a este punto, es un camino donde Fausta mal que bien puede, si no descubrir conscientemente, al menos lograr cambiar algo en si misma y dar el paso de enfrentarse a la muerte y a la vida de una nueva manera (lo cual no es poco).

Hasta allí todo bien. El problema es que al parecer los peruanos hemos reconocido en el filme la interpelación social que trae consigo toda esta historia, o quizás la que trae la imagen de las protagonistas tomadas de la mano que en este caso, no son las de la ficción, sino las carne y hueso, pues son Magaly Solier y Claudia Llosa, las que quedaron en el medio luego del triunfo en Berlín.

Es un patrimonio peruanísimo la ligera propensión al ad hominem, y eso se puede demostrar revisando los dos grandes ejes de la polémica que levantó la película:

  1. Que si Claudia Llosa estaba realmente calificada para hablar de una realidad que no es la suya y que si debió o no empecinarse en trabajar la cultura andina y migrante.
  2. Que si Magaly Solier era auténtica o un fantoche alienado que escucha metal cuando debería cantar huaynos.

Dos cucharadas de la misma sopa.

Lo que subyace es el miedo a reconocer lo que hemos tratado de olvidar en la ciudad: que existe otra forma de vida dentro, pero fuera de ella. Por eso muchos peruanos, en especial los sabelotodo o los patrioteros, ahora se alzan y reclaman vociferando que "así no somos los peruanos”, “que la historia no dice lo que debería decir”, “que la película deja una mala imagen del país” y otras simplezas imperdonables. Osea que ahora hay que crear historias que sean “como deben ser”. Terrible, y hasta malintencionada posición, y tomo como bandera de este razonamiento subdesarrollado a Aldo Mariátegui, el facho impresentable, aquí hablando acerca del cine de Claudia Llosa, del premio en Europa y de Magaly Solier, aún sin haber visto la película:

““Madeinusa” me pareció un lento, pretencioso y aburrido plomazo que deja injustamente a todos los indígenas como salvajes, borrachos, cochinos, supersticiosos e incestuosos. Me desagrada ese intelectualoide morbo estúpido y políticamente correcto, tan de moda ahora, que se tiene en escarbar los años del terror. Magaly Solier me parece una andrófoba lista para el psiquiatra por el extremo rechazo a los hombres que proclama (¿será lesbiana?) y me imagino que en el jurado pesó mucho el exotismo de una película tercermundista hablada y cantada en lengua aborigen (igual como si hubieran sido tibetanos, esquimales o bosquimanos)”.

Segregación para mí es olvidar, dejar de lado, tanto que siempre tengamos que repetir el libreto de nuestras viejas historias calcadas, nuestros héroes y arquetipos inmóviles. La idea de que a los indígenas, inmigrantes y desplazados hay que dejarlos como están, ahí nomás, afuerita, en silencio.

Creo que el arte es otra cosa y no se casa con esas mezquindades, y soy quizás un inocente, pero tengo la sospecha de que la creación consiste en lo que tan claramente condena nuestro obtuso amigo Mariátegui: salir del discurso de lo “oficial”, de lo que se debe decir o lo que se espera.

Lo que creo que ha conducido la controversia es la vieja contradicción moral peruana, ese antiguo síntoma que lleva a señalar en el otro el defecto propio: en este caso, la intolerancia, la segregación (de uno y otro lado) y la fragmentación de nuestra supuesta identidad, sólo así se explica que algún que otro alfeñique como el tal “Peruanista”, que sostiene su tesis de que la película es racista con el argumento de que los Llosa son “malos”, tenga sus seguidores:

“No me sorprendería que Mario Vargas Llosa estuviera detrás de esta película racista y que haya movido sus contactos para que el Festival de Berlín la premie”.

“Es muy probable que la directora continúe siendo una persona cruel y malintencionada, al menos que enfrente sus demonios y esa enfermedad llamada racismo, lo cual es muy difícil. Sus películas seguirán haciendo daño a la sociedad peruana. Está en nuestras manos que los niños entiendan la diferencia entre ficción y realidad”.

Una vez más el viejo fantasma de la eterna pérdida y esa estúpida pretensión de la realidad radical.

Me pregunto, ¿qué piensa esa gente cuando ve un Szyszlo, o un Guayasamín?, se detendría “Peruanista” a decir “señor pintor, las figuras humanas no son como usted las pinta, nos está haciendo quedar como extraterrestres”?.

Al pensar en eso me convenzo más de que el no tiene nada que decir esconde la oscura pretensión de saber decir las cosas mejor, quizás por ello hayan más criticones que cineastas, (aparte claro de los misérrimos recursos que hay en el Perú para lograrlo), tal vez por eso tenemos una sociedad tan conservadoramente quieta.

Hacen falta más tetas y más bocas que no tengan miedo a saborear lo dulce y lo amargo, por igual. Quizá, como Fausta, haya que relajarse un poco, y probar otras cosas, porque eso de “lo peruano” necesita refundarse.