Ateo, pero religioso…

16 12 2009

Hace poco Anna me salió con eso y no tuve más que aceptarlo. Soy bastante religiosillo, pero no me malentiendan, a lo que ella se refiere es que tengo bastante fe en ciertas cosas y eso ha hecho de mí un ser humano lleno de costumbres y ritos que rayan con la obsesión.

Y sí, hay que aceptarlo, el no creer en dios no te hace un descreído total, como quizás piensan algunos, sino que más bien, te ofrece la nada despreciable libertad de creer en lo que se te venga en gana, con la ventaja evolutiva de saber fehacientemente que esa pequeña licencia de fe que tienes, es totalmente falsa, y que no funciona en nadie más que en ti, de esa única forma en que llega a funcionar. Digamos que es un plano particularísimo de la neurosis de cada uno. Así puedo tener la libertad de sentirme cómodamente instalado en el Valhalla cuando escucho a Wagner o creer inocentemente en los policías de tránsito cuando me atacan estas fiebres.

Lo peligroso es cuando uno piensa que eso en lo que cree es lo verdadero y se encomienda la fútil tarea de evangelizar, claro, condenando de paso a quienes cometemos la torpeza de no coincidir. Allí puede pasar cualquier cosa, como ayer, que mi correo fue atacado por militantes fundamentalistas anarco-punks que querían venderme una cena navideña según ellos deliciosa, preparada a base de gluten. Me reí un poco porque no creí que los anarco-punks celebraran navidad y además les hice notar que la mejor forma de vender cenas navideñas (ya que estimo que ellos también tienen derecho de tener su porción de mercado) no es precisamente el horror. Es decir, poner fotos de un camal o del proceso artesanal de desplume de pollos decapitados, no despierta para nada el apetito, y menos aún cuando asocias eso con la palabra gluten. Allí fue que empezaron a lloverme adjetivos, tales como “asesino”, “insensible”, “tarado” y otros más. Santo y bueno, cada vez me acostumbro más a no ser popular, pero me interesaba saber más acerca del por qué tanto odio y llegaron algunas razones.

Básicamente, ellos diferenciaban la vida en dos: las plantas, que, a menos que las adornemos, no tienen cara y los animales, donde se incluye al hombre, que sí. Entonces no es razón de sorpresa que me dijeran “comecaras”, lo cual es gracioso, por el grado de identificación que eso implica como argumento. Furiosamente me reclamaron “respeto por los animales”, trataron de menoscabar mi moral con algunas rudimentarias frasecillas y, más que nada, me insultaron, lo cual es más contradictorio, viniendo de gente que tiene ese tipo de exigencias.

Se demuestra entonces que la certeza de verdad absoluta de la creencia instala la diferencia, lo cual lleva al odio. El “para todos” de una creencia, quizás se pueda plantear como hacer de lo falso una mentira, donde lo falso es la ficción que cada uno elige.

En cuanto a mí, como ya dije, elijo los banquetes del Valhalla, así que allí haré mi navidad, con mis amigos. Vale decir que es falso que yo coma caras, prefiero las piernas, especialmente de lechón, así que Janni, no te preocupes, que no es necesario un pavo.





Apostasía o el elogio de la diferencia.

16 03 2009

iglesiasss Siempre he pensado que era mucho menos problemático tener muchos dioses. La verdad era bastante más cómodo, si uno se imagina que nadie iba a venir inyectarte moralina si decías que adorabas a algún dios extranjero. En tiempos antiguos TU dios y MI dios, eran expresiones de lo tuyo y lo mío que no se contradecían.

Quizás era lo mejor que tenía el politeísmo, la amable resignación a no tener por qué pretender ser TODA la verdad.

Hoy oficialmente tenemos un dios, uno que, dicen, ha cambiado su forma y ya no es más el “marido celoso”, sino el padre de bondad por el que ocurre todo.

Me llaman ahora las cosas que pasan gracias a Dios. Seguramente defender su existencia es el trabajo de los fieles (y teniendo un mundo poblado por un mínimo de 97% de creyentes, nadie se puede quejar de desempleo), pero el problema es cuando esa unica verdad se transforma en la excusa perfecta para deshacerse del otro. Y esto no es un fenómeno actual:

“¡Griten, porque el Señor les ha dado la ciudad!, la ciudad y todo lo que hay en ella ha sido consagrado a la destrucción por orden del Señor.”

Josué 6, 16-17

Primera referencia a la guerra santa y a prácticas de guerra criminal y limpieza étnica que rigieron al pueblo judío y al universalismo sucesivo, tanto como a los regímenes autoritarios que tan sospechosamente se asemejan a la verticalidad bíblica: la tierra prometida y sus derechos sólo corresponden al pueblo elegido, los no elegidos deben morir como sacrificio a Yahvé. Los infieles ya pueden ir dirigiéndose al infierno, entonces.

Esto me hace recordar, sin embargo, sucesos más actuales como el 11/S, al estado israelí actual o al mismo George Bush y su cruzada de “pacificación” mundial. Todas tienen en común ese mandato divino de eliminación de todo lo que no sea la verdad revelada, un imperativo que da sentido a la segregación y la barbarie, pero que te deja dormir tranquilo (si eres suicida, eternamente) porque has hecho lo correcto.

La alteridad es peligrosa, demuestra que el Uno no es lo Único.

Apostatar

Me regiré por el diccionario de la RAE:

apostatar: (del latín apostatare). Negar la fe de Jesucristo que fue recibida en el bautismo.

Hace un par de días un amigo, Álvaro, me contaba acerca de la salida de la iglesia católica de manera formal como un instrumento político de “liberación”. Yo, ingenuo, pensé que no era posible que uno se pueda salir, ¡si nos meten sin saber!, además somos la fuente de su potencia.

Resulta que es posible salirse de los registros “indelebles” del cielo, y pues el trámite consta de el llenado de una solicitud ante el Obispo, que es el único que puede aceptar semejante trámite. Creo que sería un ejercicio más que saludable (cívica y espiritualmente hablando) el de hacer uso de la libertad para no estar donde no queremos, máxime tomando en cuenta los personajes que engordan su poder con nuestras conciencias.

Los tiempos donde los dioses hacían vivir a los hombres han terminado. Ahora es el tiempo donde los hombres los sostienen. Tiempo para el hombre, mejor dicho, de decidir qué cosa realmente sostiene.

En lo personal la idea de que haya una sola verdad, una sóla opción, me parece desalentadora para nuestra propia supervivencia por decir lo menos.

Me parece que el problema finalmente pasa más por el dominio y si la hegemonía de ese discurso del Uno depende de su propia supervivencia y eso excluye la convivencia con el semejante, pues me parece que no es un buen lugar para estar inscrito.

Tiempo de inscribirse en Otro lado, un lugar ético más que moral.





Un libro más

3 03 2009

Hace algún tiempo he inclinado mi predilección literaria hacia los textos religiosos o de crítica religiosa más precisamente, quizá como buscando algo de lo que ocurre en el mundo de hoy. Me parece interesante pasar por la historia para tratar de hacer encajar algunos cabos sueltos que siempre quedan después de ver las noticias.

dios diosesLógicamente termino siendo un aburrido a los ojos de mis amigos, un monotemático, un necio. Quién soy yo para enfrentarme a su juicio, igual, aunque me queda una carta, y es el ser incrédulo, en especial cuando el saber se vuelve chisme, mercancía.

El saber popular habla del fin de los tiempos, el 2012, y los religiosos se quejan amargamente de la “falta de fe”, preocupación que comparten los políticos cuando hablan de las instituciones. Por allí hay un paralelo que por más obvio que parezca aquí, no está tan a flor de piel cuando se habla con la gente.

Jonathan Kirsch, aborda este paralelismo planteando una pregunta interesante: ¿qué implica que todo el poder esté concentrado en un sólo Dios Verdadero?. En verdad, quiero que alguien me diga que esa pregunta no es de total actualidad.

El libro es recomendable, muy claro, ligero y perfumado con un tufillo sarcástico que lo hace aún más agradable al ojo poco acostumbrado a estos menesteres. Hasta puede ser un buen regalo para el primo catequista que todos tenemos en la familia; de hecho, me animo a pensar que ellos lo terminarán leyendo con más avidez que tú.

No quiero contarte el final, pero déjame terminar deformando un poco aquella famosa frase de Stan Lee, que hizo famosa el Hombre Araña para ilustrarte lo que encontraras en la historia de la guerra por la fe: “un gran poder conlleva una gran irresponsabilidad”.