Outfest Perú 2009

2 06 2009

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A veces tengo poca voluntad para las cosas nuevas, no lo puedo negar; me place la mayor parte del tiempo la seguridad solitaria de mis propias divagaciones sobre las cosas y las personas, es cierto también, lo acepto. Pero esta vez no se me puede acusar de aquello: me sobrepuse a la poderosa alergia endémica que me aqueja hace años, a la arraigada y peruanísima pasión por la tardanza, a la tragedia que significó el sábado donde mi equipo perdió el día más esperado de la temporada y además de todo lo hice sonriente porque el evento prometía ser interesante. Fui, hice mi cola y me senté, esperando hasta con una cierta ansiedad crédula, cojuda.

Como dije, había hecho un pequeño ejercicio de limpieza mental-personal para prepararme. Era el sábado 30, Centro Cultural España, gratis.

Voy a tocar cada producción por separado.

Raballder (Noruega 2006 – 50 minutos)

Empezamos con buen pie aquí. Un grupo de hombres y su paso afuera del clóset, que es un paso al frente. La contingencia los lleva a formar un equipo de balonmano que es el lugar donde ellos pueden ser lo que de veras quieren. Un grupo alocado que no tiene qué esconder, ni a la cámara ni entre ellos. Raballder es una producción poco pretensiosa, sincera y esperanzadora. Bonito esfuerzo, bonito mensaje.

Me gusta ser mujer (Perú 2007 – 5 min)

Luego de una presentación chiquita y poco elocuente del presentador, empezamos con la Sesión peruana con un corto de temática trans.

Cacofonía es la palabra que me aflora naturalemente cuando recuerdo el film. Me pregunto si hay en toda la producción la más mínima idea de lo que es una metáfora, y es que la cosa es directa: te gritan al oído la demanda de aceptación. Pésimo gusto.

Ya, soné duro. Afortunadamente lo encontré en internet, así que espero que se imaginen en segunda fila con esta pieza a todo volumen.

 

El Antifaz (Perú 2008 – 5 minutos)

Más moderado, un poco cursi. Nuevamente se toma la identidad transexual en forma de una drag queen, que finalmente, cuando termina de “transformarse” desde su forma primaria masculina, simboliza el horror en la sociedad moral. Me deja el sabor de que el juego con la contraestética es una respuesta que no responde nada: la identidad parte de la exageración de los rasgos que se rechazan. El individuo en este caso decide dar la cara ante eso, haciéndose cuerpo de la segregación, pero cuerpo al fin.

Regular. 

Reel del programa Gay Friendly (Perú 2009 – 20 min)

Si hay algo que caracteriza a la producción televisiva nacional es la falta de presupuesto, y este programa es una muestra cabal de las dificultades que una organización debe afrontar para empezar a inscribir algo en sociedad. La carencia, en teoría, sería madre de la inventiva si se quiere tener un producto atractivo, que me imagino era la idea inicialmente.

Pues nada de eso. El “resumen del año” fue un solo de clichés y de improvisación que eran en el mejor de los casos terriblemente aburridos. Al mejor estilo de la televisión UHF cristiana, Gay Friendly no pasa de ser un intento de refrescar ciertos temas de actualidad homosexual que fracasa rotundamente y termina como un embrión mal alimentado y contraproducente.

Quiero ser una mujer (Perú 2008 – 5 minutos)

El máximo prejuicio moralista: “el homosexual quiere ser mujer”, de la boca de los propios aludidos. Me pregunto si estas producciones tan precarias pasan por alguna evaluación para entrar en el festival, o como cuando hablamos de fútbol y fracaso, “esto es lo que hay y nada más”.

Para tener una idea de lo que fueron estos 5 minutos infernales, nuevamente a todo volumen por cierto, hagan esto: imaginen una pantalla de televisión gigante que no capta señal como cuando no hay antena y hay un zumbido loco, a esto agréguenle una voz imperativa, casi psicótica que repetía sin cesar un constante “quiero ser mujer” en difentes tonalidades y en el centro del cuadro la cara de un transexual con una media de nylon que poco a poco es cortada con una tijera a modo de nacimiento.

Trillado y molesto, por decir lo menos.

Lo curioso es que se presentó el también poco elocuente Juka, director del corto, diciendo que quería “subvertir la escena” en Huancayo, que es de donde viene. No me imagino forma más ineficiente y primariosa de hacerlo que con “Quiero ser una mujer”.

Está mal que hable del efecto que pudo haber causado en Huancayo, total no sé que habrá pasado allá y tampoco me quedé para “El vaivén de las mosquetas” que es la obra que montó intentando sacudir los prejuicios provincianos. Ojala haya tenido mejores resultados. Yo ya no soporté más y me fui deseando no haber ido. Sin duda, una oportunidad perdida, qué lástima.

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