AtraZo Social

2 11 2009

atrazoSiempre me he preguntado acerca de ese error gramatical, que groseramente produce el rudimentario eufemismo del afiche de “atrazo menstrual” que (re)vela la clandestina informalidad de los abortos en Lima.

Bien se puede pensar que la intención de quienes se oponen a la despenalización del aborto terapéutico es bloquear el camino hacia la legalización del mismo. Claro, sin haberse quejado nunca de aquella práctica en sí, que a estas alturas está fuera del debate, pese a su recurrencia nada despreciable.

Lo curioso es que la única solución que estos grupos plantean es la prohibición mediante el horror. El dominio casi por la fuerza dada la poca potencia social que ya tiene el discurso cristiano católico. Ya no se dice: “los cristianos elegimos no abortar”, sino que hace uso de una posición de poder cuando ya no se puede persuadir a la consciencia, aún por encima de quienes no se sienten representados por ellos.

De todas formas, endurecer el marco legal ha probado ser más que poco efectivo, contraproducente.

AbortionSe puede encontrar una causa para la ferviente actividad legal de las organizaciones católicas en el casi nulo rigor que muestran sus fieles cuando hablamos de conducta, por lo cual los padres de la Iglesia –Cipriani a la cabeza-, ahora defienden que el no cumplir la ley religiosa se convierta en crimen, ya no ante la devaluada institución eclesial, sino también en la sociedad, lo cual es peligrosísimo. Si no acatar el mandato de un dios particular se vuelve crimen, ¿en qué se diferencia el cristianismo de países fundamentalistas como Irán?, ¿qué otras guerras santas nos esperan?.

El dogma intenta borrar la inconsistencia del mensaje como del mensajero. Seguir pensando que la Iglesia “defiende la vida” precarizando las condiciones de los grupos menos favorecidos, negándoles alternativas para el control de la natalidad o perennizándolos en la miseria es ingenuo, pero finalmente es el mensaje: conviene un pueblo pobre, pobre de pensamiento y de espíritu, conviene la mansedumbre de la oveja ante el pastor en lugar de desarrollar una ética en los fieles; allí está la “predilección por los pobres” y la voluntad de dominarlos. El poder del mensaje radica entonces en la sumisión del receptor. La estadística habla de eso, esperemos que poco a poco los sujetos también.





Un libro más

3 03 2009

Hace algún tiempo he inclinado mi predilección literaria hacia los textos religiosos o de crítica religiosa más precisamente, quizá como buscando algo de lo que ocurre en el mundo de hoy. Me parece interesante pasar por la historia para tratar de hacer encajar algunos cabos sueltos que siempre quedan después de ver las noticias.

dios diosesLógicamente termino siendo un aburrido a los ojos de mis amigos, un monotemático, un necio. Quién soy yo para enfrentarme a su juicio, igual, aunque me queda una carta, y es el ser incrédulo, en especial cuando el saber se vuelve chisme, mercancía.

El saber popular habla del fin de los tiempos, el 2012, y los religiosos se quejan amargamente de la “falta de fe”, preocupación que comparten los políticos cuando hablan de las instituciones. Por allí hay un paralelo que por más obvio que parezca aquí, no está tan a flor de piel cuando se habla con la gente.

Jonathan Kirsch, aborda este paralelismo planteando una pregunta interesante: ¿qué implica que todo el poder esté concentrado en un sólo Dios Verdadero?. En verdad, quiero que alguien me diga que esa pregunta no es de total actualidad.

El libro es recomendable, muy claro, ligero y perfumado con un tufillo sarcástico que lo hace aún más agradable al ojo poco acostumbrado a estos menesteres. Hasta puede ser un buen regalo para el primo catequista que todos tenemos en la familia; de hecho, me animo a pensar que ellos lo terminarán leyendo con más avidez que tú.

No quiero contarte el final, pero déjame terminar deformando un poco aquella famosa frase de Stan Lee, que hizo famosa el Hombre Araña para ilustrarte lo que encontraras en la historia de la guerra por la fe: “un gran poder conlleva una gran irresponsabilidad”.