La manzana mordida del cura

23 05 2009

curas4 Una vez un curita joven, medio amargado que enseñaba religión en el colegio nos explicó lo que eran las manzanas, y la verdad me quedó la impresión de que las frutas no le producían mayor entusiasmo.

Su intención era hablar de la libertad y su diferencia con el abominable pecado del libertinaje, para lo cual usó el ejemplo del génesis: Adán podía comer la fruta que le plazca, menos la prohibida, con lo cual se probaban dos cosas, a saber, la infinita misericordia y generosidad del padre que finalmente nos ha proveído de todo lo que necesitamos y en segundo lugar de su incombustible afán educativo, por el cual nos sigue castigando hasta el día de hoy, de paso que se lava las manos con eso del “libre albedrío”.

La tentación en el centro del Edén y el pecado en el centro del discurso. Recuerdo aquella clase claramente por ello y más aún, todo este barullo por lo de los curas que no se contienen no me deja olvidar el tema.

Hace un rato leí la nota de SIC de El Comercio de hoy. Tengo que decir que me parece una opinión bastante dócil, aburrida, pero que por suerte me deja algún espacio para el comentario, pues la idea principal del escrito es que se ha mitificado al sacerdote y hay que bajarlo a tierra, y eso de hacerlos ver como hombres comunes y corrientes me parece hacerle el juego a su defensa.

Primer mito: los deslices de un cura son de la misma envergadura de los de un parroquiano cualquiera. Falso. El uso de poder sobre las consciencias de las personas hace que el acto cobre un matiz perverso, manipulador. Sólo así se explica que Lugo haya podido ocultar tantas mujeres e hijos mientras fue obispo, pero qué curioso, no pudo de presidente, cuando se quitó la sotana.

Segundo mito: son casos aislados, de gente que no vive bien su fe. Falso. Si fuera así, la iglesia tendría una política más transparente en lugar del encubrimiento sistemático de los casos de abuso sexual o de hijos en concubinato. Pregúntenle a los irlandeses.

Tercer mito: el celibato logra que mi relación con Dios sea exclusiva y más efectiva, pues me dedico a Él al 100%, tal como lo hizo Jesús. Falso. Hay muchas pruebas de que Jesús fue todo menos célibe, y la principal es que él era un excelente judío, y claro, el matrimonio y la reproducción son un mandato. Si hablamos de Pablo, pues estamos hablando de un gentil, alguien educado a la usanza romana y eso de no tener mujer y de sublimar trae consigo reminiscencias griegas clásicas, alcanzar la virtud elevándose del mundo de los sentidos es muy platónico, y creo que hasta socrático.

Cuarto mito: el celibato tiene un fundamento divino. Falso. Tiene un fundamento económico, de herencia. Tanto así que hasta el concilio de Trento, cada curita tenía su mujer, y eso que estamos hablando ya de 1545 más o menos, cerquita nomás. Llama la atención el detalle brillante de las 700 prostitutas que atendieron a los prelados en el Concilio de Constanza (1414 – 1418). Y luego dicen que no se divierten, es más ahora recuerdo que hubo un papa que no sólo tuvo hijos, sino que tuvo un hijo papa. ¡Que alguien lo meta en el libro Guinness!.

Quinto mito: los curas no reprimen su sexualidad porque eso ocasiona culpa, más bien viven la tentación con naturalidad. Bueno, no tan falso, porque eso de que la represión ocasiona culpa es cierto, pero por otro lado, me pregunto cómo vivir una prohibición, un mandato del Otro de forma natural, si esa prohibición es antinatural. Tal vez si volteamos la fórmula y ocasionamos algo de culpa al otro lado…

Sexto mito: la familia sí quita tiempo. Acá me gustaría saber qué piensa la familia.

Séptimo mito: no hay machismo en todo este asunto. Absolutamente falso. La tradición cristiana, que todo lo deforma para dar cuenta de otros intereses, termina por identificar a la mujer con la manzana, la tentación. Esto queda claro en el caso del Padre Alberto y su novia, que es identificada hasta con el Diablo, o mínimamente se dice que le tendió una trampa buscando quién sabe qué publicidad.

Y así hasta el infinito.

Vale preguntarse quién realmente puso la manzana al medio. No creo que haya sido Dios, porque en el mejor de los casos, no existe y en el peor, sería poco inteligente de su parte no intervenir para detener toda esta locura.

Por último, en especial a los curitas y a mis amigos religiosillos. No me vengan con esa huachafada de que “al que no le gusta que se busque otra vida”, porque igual los que pierden son ustedes, pierden gente valiosa en sus filas. Además eso me hace pensar en el hecho de vivir en la renuncia: “Pobreza, castidad y obediencia”, tranquilamente podría ser el lema de algún asceta tibetano, pero la realidad occidental es otra, fruto del exceso y del goce.

Les pregunto un poco inocentemente, ¿realmente piensan que los de arriba creen en todo lo que dicen?, ¿que no hay ni uno sólo que sepa que todo es mentira?, a mí me da la sensación de que se sabe que todo es falso, pero hay tanta pasta que no se puede dejar el negocio. Ojalá me equivoque, para bien de tanto creyente.

 

 

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