El susto de la teta ante el espejo

30 03 2009

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Hace un par de semanas vi la película y me dejó con algunas cosas en la cabeza. Me dejó pensando en cómo uno enfrenta su pasado, cómo los síntomas (aún hasta los más raros) son respuestas de las personas frente a la angustia y cómo repitiendo esa defensa uno queda dando vueltas en circulo, hasta que algo pasa y rompe con ese orden.

La película, más que nada le da vueltas a este punto, es un camino donde Fausta mal que bien puede, si no descubrir conscientemente, al menos lograr cambiar algo en si misma y dar el paso de enfrentarse a la muerte y a la vida de una nueva manera (lo cual no es poco).

Hasta allí todo bien. El problema es que al parecer los peruanos hemos reconocido en el filme la interpelación social que trae consigo toda esta historia, o quizás la que trae la imagen de las protagonistas tomadas de la mano que en este caso, no son las de la ficción, sino las carne y hueso, pues son Magaly Solier y Claudia Llosa, las que quedaron en el medio luego del triunfo en Berlín.

Es un patrimonio peruanísimo la ligera propensión al ad hominem, y eso se puede demostrar revisando los dos grandes ejes de la polémica que levantó la película:

  1. Que si Claudia Llosa estaba realmente calificada para hablar de una realidad que no es la suya y que si debió o no empecinarse en trabajar la cultura andina y migrante.
  2. Que si Magaly Solier era auténtica o un fantoche alienado que escucha metal cuando debería cantar huaynos.

Dos cucharadas de la misma sopa.

Lo que subyace es el miedo a reconocer lo que hemos tratado de olvidar en la ciudad: que existe otra forma de vida dentro, pero fuera de ella. Por eso muchos peruanos, en especial los sabelotodo o los patrioteros, ahora se alzan y reclaman vociferando que "así no somos los peruanos”, “que la historia no dice lo que debería decir”, “que la película deja una mala imagen del país” y otras simplezas imperdonables. Osea que ahora hay que crear historias que sean “como deben ser”. Terrible, y hasta malintencionada posición, y tomo como bandera de este razonamiento subdesarrollado a Aldo Mariátegui, el facho impresentable, aquí hablando acerca del cine de Claudia Llosa, del premio en Europa y de Magaly Solier, aún sin haber visto la película:

““Madeinusa” me pareció un lento, pretencioso y aburrido plomazo que deja injustamente a todos los indígenas como salvajes, borrachos, cochinos, supersticiosos e incestuosos. Me desagrada ese intelectualoide morbo estúpido y políticamente correcto, tan de moda ahora, que se tiene en escarbar los años del terror. Magaly Solier me parece una andrófoba lista para el psiquiatra por el extremo rechazo a los hombres que proclama (¿será lesbiana?) y me imagino que en el jurado pesó mucho el exotismo de una película tercermundista hablada y cantada en lengua aborigen (igual como si hubieran sido tibetanos, esquimales o bosquimanos)”.

Segregación para mí es olvidar, dejar de lado, tanto que siempre tengamos que repetir el libreto de nuestras viejas historias calcadas, nuestros héroes y arquetipos inmóviles. La idea de que a los indígenas, inmigrantes y desplazados hay que dejarlos como están, ahí nomás, afuerita, en silencio.

Creo que el arte es otra cosa y no se casa con esas mezquindades, y soy quizás un inocente, pero tengo la sospecha de que la creación consiste en lo que tan claramente condena nuestro obtuso amigo Mariátegui: salir del discurso de lo “oficial”, de lo que se debe decir o lo que se espera.

Lo que creo que ha conducido la controversia es la vieja contradicción moral peruana, ese antiguo síntoma que lleva a señalar en el otro el defecto propio: en este caso, la intolerancia, la segregación (de uno y otro lado) y la fragmentación de nuestra supuesta identidad, sólo así se explica que algún que otro alfeñique como el tal “Peruanista”, que sostiene su tesis de que la película es racista con el argumento de que los Llosa son “malos”, tenga sus seguidores:

“No me sorprendería que Mario Vargas Llosa estuviera detrás de esta película racista y que haya movido sus contactos para que el Festival de Berlín la premie”.

“Es muy probable que la directora continúe siendo una persona cruel y malintencionada, al menos que enfrente sus demonios y esa enfermedad llamada racismo, lo cual es muy difícil. Sus películas seguirán haciendo daño a la sociedad peruana. Está en nuestras manos que los niños entiendan la diferencia entre ficción y realidad”.

Una vez más el viejo fantasma de la eterna pérdida y esa estúpida pretensión de la realidad radical.

Me pregunto, ¿qué piensa esa gente cuando ve un Szyszlo, o un Guayasamín?, se detendría “Peruanista” a decir “señor pintor, las figuras humanas no son como usted las pinta, nos está haciendo quedar como extraterrestres”?.

Al pensar en eso me convenzo más de que el no tiene nada que decir esconde la oscura pretensión de saber decir las cosas mejor, quizás por ello hayan más criticones que cineastas, (aparte claro de los misérrimos recursos que hay en el Perú para lograrlo), tal vez por eso tenemos una sociedad tan conservadoramente quieta.

Hacen falta más tetas y más bocas que no tengan miedo a saborear lo dulce y lo amargo, por igual. Quizá, como Fausta, haya que relajarse un poco, y probar otras cosas, porque eso de “lo peruano” necesita refundarse.

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Para el álbum de frases…

20 03 2009

“Magaly Solier me parece una andrófoba lista para el psiquiatra por el extremo rechazo a los hombres que proclama, ¿será lesbiana?”

                                               “La República – 8 de marzo de 2009”

Aldo Mariátegui luciendo todas las cualidades que lo llevan a ser un facho impresentable.