El regreso del álbum de frases (masculinas)…

28 12 2010

 

“Maldita sea nuestra alma mater”.

Rodrigo Sarmiento, cargando furiosamente contra los efectos estético-sociales de la democratización de la entrañable educación pública.

 

“Tilsa Lozano estaba en mi cole. Se quedó hasta tercero de secundaria y luego se marchó to fuck her way to the future”.

Rodrigo Sarmiento, añorando, al contrario, sus etapas escolares.

 

“Agarrarle fetiche a las tetas pequeñas es como ser un franciscano de las mujeres”

Eduardo Álvarez, últimamente minimalista.

 

“Ya sabes lo que se dice: mientras peor huelen las conchas, mejor huelen”

Adrián Nario, que parece nunca estar satisfecho con el alcance de sus frases…

 

“Yo dejo que mi esposa haga las rabietas que quiera, porque cuando esta asada limpia de la puta madre”

Renzo Novoa, un machazo de aquellos…

 

“Esto no es casualidad, pues cuando yo aún no era cantante tampoco trabajaba. ¡Es una vocación!”

Javier Krahe, quién más.

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Si de reivindicaciones se trata…

12 03 2010

frase_joanHace unos días tuve una pequeña querella facebookera con la amiga de un amigo –que seguramente jamás será amiga mía- por esto de la celebración internacional de la mujer, básicamente porque encuentro insoportable esta visión de la víctima del macho prehomínido que supuestamente la gobierna con puño de hierro.

Para empezar, dejemos de lado la pretensión de que eso es verdad o no, porque para hacer valer mi punto eso no importa; ahora hagamos un ejercicio mental y pensemos en la posibilidad de que estemos perpetuando la imagen doliente, el fantasma omnipresente de mujer degradada en el discurso de luchar por los derechos sólo de ellas,  pobres, que aún no han conseguido tener acceso a todo lo que le corresponde; primero como si no hubieran hombres que no pasaran por esas agonías y segundo, como si no los necesitaran para lograrlo.

Digo que se le da existencia a una mujer en menos, que necesita ser reconocida, una que lucha contra su borramiento, precisamente por que se siente así, borrada y furiosa. Hace unas semanas, en una lista de correos a la que pertenecí hubo una gran discusión acerca de la redacción de un comunicado a la opinión pública. El gran tema, traído a colación por alguna feminista afiebrada, era que si cada vez que el texto se refería a “los firmantes”, tendría que hacerse la salvedad, “los y las firmantes” o si hacíamos uso de modernísimos símbolos como la arroba, que repentinamente cobró un valor de ambigüedad en “l@s”, que tenía la ventaja por cierto de no establecer un orden (jerárquico), o peor aún, hubo quien no sólo propuso, sino que siempre escribía “lxs”, pues decía que el lenguaje ha borrado a la mujer, y que la lucha se debe llevar a ese nivel también, borrando el género de la lengua: ellas necesitan no sólo ser vistas, sino decidir sobre cómo el lenguaje las simboliza. Obvia y nuevamente quien comentaba algo discordante, era un “lamentable efecto de la sociedad machista”, o simplemente un obtuso intoxicado de testosterona que “no las respetaba”. El lenguaje las borra y ellas se reinscriben en primera fila, lugar privilegiado, ridículamente, y claro, causando que la discusión que nos unía se salga de cauce y que muchos deserten incrédulos del ese delirio, como yo. Y es que ya lo decía sabiamente Armando Robles Godoy: “Tiendo a pensar que quien escribe mal, piensa mal”; está demás preguntarse qué piensan de los hombres, en todo caso, o de AC/DC.

Lógicamente esta lucha responde a un ideal capitalista de éxito, poder de decisión y más que todo de castración. Hagamos a la mujer a imagen y semejanza del amo que las oprime, por decirlo de alguna forma. Recuerdo que cuando tenía 10 años, las chicas se quejaban de los chicos por lo mismo, sospecho que tal vez ya a esas alturas tuvieron una solución más inteligente y se dieron cuenta de que la salida no era ser hombre y reemplazarlo, sino todo lo contrario. Dulce y simplemente enloquecieron y se convirtieron en mujeres, que por cierto ahora dominan perfectamente a sus hombres. Algo habrán aprendido acerca del deseo de ellos.

Es que es muy simple, no creo que la lucha de un grupo cerrado pueda traer algo bueno a la comunidad en general, precisamente porque hacen uso de la misma lógica que los oprime, la de la imposición y la intolerancia: por ejemplo, si hay discriminación a las minorías sexuales, ¿por qué no luchar por el derecho del ser humano a no ser humillado o perseguido por sus preferencias o ser violentado en su privacía?, más bien, se cierra el colectivo en acciones sectarias, como enrostrarle a todos su diferencia con la cultura o la moral imperante, lo cual tiene efectos totalmente contrarios, como perennizar el imaginario del “gay escándalo”, que no es más que otra justificación para su segregación. Permanecer tercamente en la diferencia finalmente es abrir la brecha con la cultura, que es muy diferente que negociar o batallar por el respeto por la diferencia de cada uno y su inscripción particular en ella.

Por otro lado, no hace falta ser un genio para darse cuenta de dos cosas: que el enfrentamiento frontal entre dos intereses particulares que no quieren negociar ni encontrar puntos en común, lleva a la pelea interminable o a muerte, y que, en segundo lugar, eso mismo es el fatídico germen de que las cosas sigan en su sitio de siempre, o aún peor, retrocedan.

Me dirán, “ha habido grandes avances sociales en base a la lucha reivindicativa”, y claro, se puede nombrar sin pensar demasiado en la jornada de 8 horas, en el voto universal, el medio pasaje universitario que cumple 50 años o la educación para todos. Pues bien, como lo veo eso es más una reivindicación humana que la de algún grupo específico, pues en teoría (lo digo especialmente por el “medio pasaje” que desafía toda lógica matemática: en teoría) nos sirven a todos y en su desarrollo han contado con el apoyo masivo de la sociedad entera, cosa que no se logra cerrando el discurso.

risasEs como si yo fuera judío y pensara en que tengo derecho a la Tierra que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob le prometió a su pueblo y que por eso me arrogo la potestad de expulsar y torturar amargamente a los ocupantes propietarios legales de esos terrenos, como ya ha pasado, o como si a mí no me gustaran las corridas de toros y ande gritando que los taurinos son criminales y hay que matarlos a ellos, que también ocurre, además de cuestiones como el  aborto, el fundamentalismo religioso, los vegetarianos, los supuestos demócratas y tantos otros que cierran filas tras su propia verdad, que no es otra que la necesidad de ser ellos amos, condenando a todos los demás, que son la mayoría, en el camino.

Mientras tanto, yo soy menos pretensioso que todos ellos y me conformo con reivindicar mi derecho a comer carne (de animales, valga la aclaración) libremente y sin temor de que vengan a llenarme el correo los anarcopunks y su gluten como el año pasado, reivindico mi libre acceso al cigarrillo y a la muerte que yo elija, quizás también mi derecho a no ser aleccionado vía cadenas donde encuentro mensajes de “Papá Lindo” o pasar olímpicamente del día de la mujer, pese a amarlas tanto. Y es que en eso creo, en que el hombre como especie será mejor a partir de no imponer su moral a otros. Vive y deja vivir, que así le dicen. Convivencia y una política por el bien común, en resumen, que la injusticia y la segregación no tienen grupos favoritos.





Crónica de un hombre derrotado

5 08 2009

Mi hermano me provee de cuando en cuando de las cosas más estupidas de Youtube. Tengo que decir que esta vez se anotó un golazo: no hay más que mirar a los ojos al protagonista como para identificar al amigo necio que todos tenemos.

 

 

Ahora sé por qué hay más poetas hombres.