El estado de emergencia como forma de gobierno: suspensión de derechos o suspensión de la política?

5 07 2012

Estado de excepcion

A esta hora ya hay 5 muertos y decenas de detenidos en Cajamarca debido a la brutal represión que el ejército y la policía ejercen sobre la población, agudizada por la suspensión de los derechos constitucionales en 3 provincias.

No es la primera vez que el gobierno de Ollanta Humala ha recurrido a esta medida para solucionar situaciones conflictivas, siendo que en diciembre aplicó la misma fórmula sobre Cajamarca por 60 días y solo hace 10 que acaba de levantarse el estado de excepción en la provincia de Espinar. De más está decir que el presidente no ha hablado ni tenido apariciones en ningún medio, y lamentablemente los mensajes de las autoridades han sido contradictorios y torpes. Sin embargo, las justificaciones para los asesinatos se han multiplicado tanto en líneas editoriales como en la opinión pública. Reina el caos y ya se canibaliza la ciudadanía polarizada entre los pros y los contras.

Qué habrá pasado con el Humala que era la esperanza contra la amenaza antipolítica que significaba el regreso del fujimorismo?.

Ollanta Humala ha adoptado los estados de emergencia como una vía alternativa al diálogo, lo cual reviste de autoritarismo su gestión. Pero para entendernos, creo que me será útil partir desde la definición de Giorgio Agamben sobre el particular: “(el estado de excepción es) ese momento del derecho en el que se suspende el derecho”. Lógicamente si nos detenemos a pensar en que es una medida utilitaria, caeremos rápidamente en la cuenta que el objetivo de suspender derechos y garantías es simplemente poder tener mayor facilidad para hacer uso del poder, en este caso particular mediante la aplicación de una recia autoridad; se trata entonces de una paradoja: se rompe temporalmente el orden constitucional para luego no tener que hacerlo, sosteniendo el estado de derecho.

Tengo ciertos problemas al tratar de caracterizar lo que pasa en Cajamarca mediante esa definición, por 3 razones: por la intensión, intención y temporalidad de las medidas.

En cuanto a la intensión podríamos observar de que la desmedida fuerza con la que se actúa en este gobierno responde a una necesidad igualmente poderosa de volver al orden, es decir, es directamente proporcional a la amenaza política que pretende reprimir (20 policías para “capturar” al ex padre Arana, no son casualidad). El concepto que el ejército y la policía lumpenizados tienen de la ciudadanía frente a la cual se plantan es simple: son unos perros. Ahí tenemos completo el circuito, pues encontramos a lo político (el ciudadano politizado) como aquel extranjero peligroso al cual el estado normalizador quiere eliminar con todo el peso de su bota. A más angustia provocada, más fuerza merecida.

En cuanto a la intención se opone, como vemos, a lo político. Es decir que como en cualquier autoritarismo de lo que se trata es de romper los lazos sociales y dejarlos caducos en lo sucesivo, probar inútil la acción política mediante la represión y el (ab)uso de la fuerza. Esto no es nuevo, pues la misma táctica utilizó Fujimori muchas veces, aunque diría que con un grado mucho mayor de sofisticación. La idea es reducir a la ciudadanía a una condición de “nuda vida” en la que despojados ya del amparo del derecho, los individuos se disciplinen a la autoridad formal legalizando así lo ilegal. Así de vulgar.

La no temporalidad del estado de excepción es más bien una característica de la gestión Humala. Desde el pragmatismo apolítico del que se jacta cada que aparece ante cámaras se deduce un desprecio por las ideologías y los conceptos, pues explícitamente “lo suyo es la acción”. Podríamos ser más específicos y decir que lo suyo es la “acción marcial” pues es lo que ha hecho desde que asumió el cargo, dejando atrás las alianzas, proyectos e idearios que lo catapultaron a la presidencia para, ya ligero de equipaje, tener más libertad para ejercer el poder fácticamente.

Por esas razones creo que no estamos hablando de un “estado de excepción”, sino más bien de un “régimen de excepción” que ha hecho de la emergencia perpetua la base de una manera de sustentar el poder en la sospecha perenne, un movimiento ya ni siquiera antipolítico, sino apolítico, meramente funcional y que responde a la necesidad de mantener la hegemonía, así sea a costo de solo defender intereses ajenos (a diferencia de Fujimori, Alan García o Castañeda Lossio que siempre tuvieron claro que el poder no era un fin en sí, sino una herramienta para satisfacer sus intereses particulares). Es por ello que a Ollanta Humala le interesa un rábano hablar, porque no tendría nada que decir fuera de las tautologías a las que se reducen sus discursos.

No obstante esa ausencia discursiva oficial, sí existe una estructura en la que se sostiene este método autoritario y es la universalidad global del discurso capitalista, que si bien ha producido un debilitamiento en la autoridad simbólica, es decir un amo débil y necesitado de actos enérgicos para manifestarse como autoridad real, también ha empezado hace rato a fabricar ciudadanos absolutamente gozantes del orden del mercado y que por ello no pueden negarse a sostenerlo, individuos fundamentalistas que no dudan que el usufructo monetario es el mayor de los valores y que fuera de eso no hay desarrollo. El efecto del discurso capitalista moderno es la individuación radical de los sujetos, que no son capaces de reconocer la alteridad, a los otros y a su mundo.

El proyecto capitalista en el Perú pues, no habría encontrado mejor aliado que un gobierno autoritario como este, pues es él quien adopta los pasivos de lo que se va tramando más sutilmente por debajo de la mesa: la dictadura de lo privado por sobre el interés social. Desde ahí ya no hay diálogo posible porque el lugar de lo político del gobierno ha sido reemplazado por el imperio de los técnicos que no digamos que están más del lado del derecho, sino más bien de la violencia legalizada.

Si la candidatura de Ollanta Humala era nuestra esperanza de resistencia contra la antipolítica, lo que hemos obtenido con su ascenso es la continuidad de ella hasta involucionarla a un estadio rudimentario y chapucero, pues no es sino la política lo que hace el puente entre el derecho y la violencia, separándolos. Este gobierno ha optado por el camino contrario, que es el de eliminar ese puente y fundir ambos lados.

 





En octubre sí hay milagros

13 10 2009

argentina_0 ¡Qué duda cabe que el Perú es un país lleno de soñadores!. Tenemos una historia llena de héroes, santos, batallas, tradiciones, supersticiones, iglesias, fútbol  y básicamente mucha esperanza que nace de la certeza de que de alguna forma las cosas serían diferentes hoy si hubiéramos tenido más suerte ayer. El Otro de la historia no se nos ofrece precisamente como nuestro favorito, sino por el contrario, como un vil opresor al que hay que hacer desaparecer.

A los peruanos nos gusta pensar que somos creativos, que podemos tejer un mundo donde finalmente somos más y mejores que los otros. Allí entra a tallar el famoso “ingenio criollo” que no es más que la técnica vital que aspira lograr hacer mucho con poco, porque de antemano sabemos que nuestras condiciones normales son precarias, que lo que nos toca no es suficiente.

Y sí, es una característica de lo criollo la pretensión de “sacarle la vuelta” a la Ley, al Otro. Tener calle, aprovechar los descuidos ajenos, finalmente es la muestra externa de un deseo de compensar el calvario de la falta que está presente de antemano ante la perspectiva de una un bien hacer que se significa como castrante.

Entonces tenemos una cultura ambivalente, hablando de forma general. Vivimos la fantasía de lo que debería ser por un lado, quejándonos de todo lo que no marcha, pero contribuimos sin descanso a que eso que aparentemente nos hace rabiar hasta la desesperación se mantenga tan sólido como siempre. Decimos una cosa y hacemos lo contrario. Sólo hace falta notar la equivalencia entre “creatividad” e “informalidad”. Digamos que “se sufre porque se goza”.

6:57 p.m. del 10 de octubre y el cabezazo casi invisible del charapa Rengifo materializaba la fantasía de los peruanos: se saciaba esa necedad de esperar que lo mágico acuda en nuestro rescate. Finalmente algo había ocurrido y nuestro eterno proletariado futbolístico se desvaneció de repente para pasar a ser durante un sólo minuto, el bálsamo social que todos necesitábamos, una luz que nos decía que sí se puede, de verdad. Pero ocurre fatídicamente que poco sabemos hacer cuando las cosas son de verdad.

La posterior derrota, con gol en fuera de juego, ha reforzado como pocas cosas el fantasma histórico de la eterna pérdida y ese impulso cínico criollo a gozar a más no poder de lo que el Otro nos “roba”. Excusa suficiente para regodearse en el “casi” futbolero que alimenta los diarios deportivos en sus momentos de mayor gloria y que puede caracterizar una suerte de síntoma nacional.

La balanza se decanta, no sin razón siempre para el mismo lado. Milagro de octubre de San Palermo que desató nuevamente el goce nacional.





El cuerpo humano: real y fascinante

23 07 2009

cuerpo humano

Ha habido gran polémica en muchos países acerca de esta muestra dados algunos cuestionamientos morales en la mayoría de los casos. No es mi intención hacer una crítica de ese apartado. Hay, creo, cosas más interesantes a pensar.

“El Cuerpo Humano…”, entonces se propone básicamente como un espacio para mirar: uno ve los diferentes sistemas y sus órganos, además de los diferentes grados de degeneración por malos hábitos alimenticios, contaminación o vicios.

Pese a ello, no se trata de una exposición meramente didáctica. Todo lo contrario. Se desnuda el goce moderno de lo verdadero, pues su apuesta es el “arte anatómico” o lo que se desprende, que es que no importa ya la representación sino la presentación del cuerpo –no por gusto la publicidad del evento tiene un slogan casi aclaratorio: “CUERPOS HUMANOS REALES”-. Así, encontramos a los cadáveres en diferentes posiciones y movimientos, que, cotidianos o no, conducen a la fascinación ofrecida en el título, la del funcionamiento de la maquinaria, que remite primordialmente a lo familiar del propio cuerpo, proyectado al exterior, y significado como extraño.

Hay que resaltar el uso dado a la muerte en este caso: generalmente en la actualidad la muerte (tanto como el espacio vacío) es aborrecida, pero aquí se la elimina torciendo su significado de horror, dominándolo, haciéndolo inofensivo y didáctico. Quizás el arte moderno de la realidad se haya descubierto como fórmula aquí.

Es también una gran curiosidad que todos los cuerpos donados sean chinos; no hubiera pensado que en oriente fuera más facil conseguir donantes. Raro, pero siendo un poco suspicaces, podemos decir que si hay espacio para la muerte en el arte, también en el mercado negro.





Sobre la utilidad directa

12 04 2009

Hablaba con un taxista, como siempre que ando en auto, quejándome amargamente del tránsito de las 5 de la tarde que, como habitualmente pasa, me impide llegar temprano al trabajo. La costumbre de la conversación es vieja; los que me conocen saben que parlotear me calma: dar vueltas a los pensamientos me hace olvidar mis urgencias. Entiendo que eso no siempre es malo.

Algo el chofer me preguntó acerca de la degradación de la sociedad y de eso de que “el peor enemigo de un peruano es otro peruano” (mientras hablaba de Pizarro, seguramente), y yo veía como algún salvaje nos cerraba el camino para dar una curva de lado a lado de la avenida, y mientras pensaba “¡qué tal raza!”, automáticamente respondí que el problema del país no era el que seamos naturalmente bárbaros, sino que rendimos culto al beneficio inmediato, a “lo criollo”.

Y es que pienso que hay una forma de relacionarnos que tiene algo que no funciona. Seguramente hay muchos que han hablado de esto antes y llegaron todos al potentísimo axioma multiusos:

“HACE FALTA INVERTIR EN LA EDUCACIÓN”

Yo soy bastante escéptico con respecto a ello. Al menos en esa oración en su forma aprista, que es lo que hay en el Perú, que –sólo tal vez, sea el Perú en realidad.

En primer lugar, habrá que pensar quién dará qué educación. Está totalmente demostrado que quien puede decir algo, dirá lo que le conviene; y no hay que ser un visionario para saber qué se va a decir. Mi teoría es que ya el sistema invierte bastante en educación, el problema es que uno termina amaestrado, plegado a la voluntad del amo mercado.

Imagino que para nadie es un secreto tampoco que hoy a uno lo educan para que se especialice en algo, digamos como buscando la garantía de la sobrevivencia. Precisamente he allí el problema. Uno se pliega a un discurso utilitario de supervivencia.

Implantada la competencia por ella, los sujetos en general intentarán sacar cualquier ventaja en búsqueda de beneficiar lo propio, por encima de la idea civilizada del bien común. Digamos que hemos exaltado el principio del placer, a tal punto que no existe más verdad que aquella en la que la acumulación como modo de vida impera.

Entonces, la involución del hombre se hace tangible, y nace de aquello: la idea de los otros, del semejante va cediendo paso al temor de que ellos se lleven lo que me corresponde a mí. El terror corta los lazos y los sujetos quedan más solos. Competencia, ser líder, ser mejor que los demás. Capitalismo finalmente.

Doy vueltas en mi cabeza a todo esto para no mirar el reloj, que siempre marca esta adicción que tengo a los 5 minutos después, quizá porque no me gusta tanto competir, llegar después a la meta me separa un poco de esa avidez que se me hace tan sórdida.

Mientras sufro el tránsito, escucho la cumbia que le encanta al señor taxista y siento cada vez más potente la tortura de lo urgente, lo comprendo todo: no importa el mañana, hay que comer hoy. Quizá empezar a vivir sea una buena alternativa a sobrevivir.