George Orwell – 1984

17 08 2010

Quien haya pensado seriamente en el poder alguna vez, seguramente podrá llegar a la conclusión de O´Brien, que crudamente muestra la lógica que alimenta al amo distópico orwelliano en su versión acabada y de mayor potencia: el poder es un valor ante el que no se debe escatimar en sacrificios y ya teniéndolo, la voluntad vital queda reducida a conservarlo; como en un desesperado intento de sobrevivencia, se trata de mantener el poder, pues su búsqueda y posesión son los últimos sentidos de la vida.

Orwell propone dos lógicas paralelas y tensionadas entre sí: la lógica del amo celoso y voraz, que todo debe verlo, saberlo y manipularlo en aras del orden de lo público, de la tranquilidad sempiterna que nace del recorte cada vez más dramático de las libertades personales (tomarlo a la ligera es difícil hoy) y por el otro el camino rebelde de una humanidad que, por deseante y subversiva, hay que disciplinar.

El supuesto básico se encuentra aquí, en el estado disciplinario que tiene derechos por sobre los ciudadanos que, asfixiados, van sucumbiendo y resignando su vida al Partido, bajo pena de lo peor. El binomio disciplina – terror funciona a la perfección para cubrir cualquier rendija por donde el ciudadano pueda inscribir su acto: sin acto no hay humano, hay masa homogenizada, escenario perfecto para sostener el poder.

Podríamos rescatar el problema de la disciplina para llevarlo a la discusión actual. Los ordenamientos sociales basados en el temor a la pérdida y la civilización modelada por un sistema amo que basa su continuidad en la transformación de los sujetos mediante la disciplina, son formas de dominio que de forma más o menos velada ejercen presión moral o hasta legal sobre los sujetos. Ahí va la religión, el estado totalitario y el imperio del mercado, por ejemplo.

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El gusto de las mujeres feas – Richard Millet

16 06 2010

clip_image002El camino de toda obsesión posible en el ser humano es el retorno de la angustia: aquello que sin tener una forma definida atormenta con su, aún, potencial presencia y la perturbación del riesgo de su abrupta irrupción. Para minimizar sus consecuencias existe la palabra en forma de pregunta, el cuestionamiento por el siguiente acto, la siguiente forma que tomará la meticulosa tarea de mantener el reloj andando.

Richard Millet se pregunta por este tipo de enlaces sexuales. La fealdad como bandera de una vida en entredicho perenne ante el peligro, finalmente simbolizado por la mujer en su más aterradora forma.

Se sabe que la posición de un hombre frente a este tipo de asuntos se forja a lo largo de toda una vida; en este caso en una estrategia defensiva frente al silencio del otro sexo, al misterio que conlleva el no ser determinado por ninguna otra palabra salvo por la negación estética que coloca al protagonista en el lugar de un impasse aparentemente sin solución.

Pero algo se aprende del olvido de los otros y es que hay que acceder a ellos, aún para estrangularlos. Millet describe sin despeinarse demasiado el sufrimiento existencialista y la salida imperfectísima que supone cargar la cruz del rechazo. Aparece el juego de la crueldad y su devolución al compañero sexual ad hoc para esa función: se elige entonces a la imperfecta, a la punible por ello.

Probablemente un acercamiento al amor en su vertiente de fetiche no dé a luz a un best seller, pero otorga la libertad de señalamiento del engaño que supone el ideal de la perfección: somos el reverso de aquella quimera fantasmática. El amor también es el fracaso.

En total, qué es el amor sin una poca de angustia y la certeza de la proximidad de su defunción.





Outfest Perú 2009

2 06 2009

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A veces tengo poca voluntad para las cosas nuevas, no lo puedo negar; me place la mayor parte del tiempo la seguridad solitaria de mis propias divagaciones sobre las cosas y las personas, es cierto también, lo acepto. Pero esta vez no se me puede acusar de aquello: me sobrepuse a la poderosa alergia endémica que me aqueja hace años, a la arraigada y peruanísima pasión por la tardanza, a la tragedia que significó el sábado donde mi equipo perdió el día más esperado de la temporada y además de todo lo hice sonriente porque el evento prometía ser interesante. Fui, hice mi cola y me senté, esperando hasta con una cierta ansiedad crédula, cojuda.

Como dije, había hecho un pequeño ejercicio de limpieza mental-personal para prepararme. Era el sábado 30, Centro Cultural España, gratis.

Voy a tocar cada producción por separado.

Raballder (Noruega 2006 – 50 minutos)

Empezamos con buen pie aquí. Un grupo de hombres y su paso afuera del clóset, que es un paso al frente. La contingencia los lleva a formar un equipo de balonmano que es el lugar donde ellos pueden ser lo que de veras quieren. Un grupo alocado que no tiene qué esconder, ni a la cámara ni entre ellos. Raballder es una producción poco pretensiosa, sincera y esperanzadora. Bonito esfuerzo, bonito mensaje.

Me gusta ser mujer (Perú 2007 – 5 min)

Luego de una presentación chiquita y poco elocuente del presentador, empezamos con la Sesión peruana con un corto de temática trans.

Cacofonía es la palabra que me aflora naturalemente cuando recuerdo el film. Me pregunto si hay en toda la producción la más mínima idea de lo que es una metáfora, y es que la cosa es directa: te gritan al oído la demanda de aceptación. Pésimo gusto.

Ya, soné duro. Afortunadamente lo encontré en internet, así que espero que se imaginen en segunda fila con esta pieza a todo volumen.

 

El Antifaz (Perú 2008 – 5 minutos)

Más moderado, un poco cursi. Nuevamente se toma la identidad transexual en forma de una drag queen, que finalmente, cuando termina de “transformarse” desde su forma primaria masculina, simboliza el horror en la sociedad moral. Me deja el sabor de que el juego con la contraestética es una respuesta que no responde nada: la identidad parte de la exageración de los rasgos que se rechazan. El individuo en este caso decide dar la cara ante eso, haciéndose cuerpo de la segregación, pero cuerpo al fin.

Regular. 

Reel del programa Gay Friendly (Perú 2009 – 20 min)

Si hay algo que caracteriza a la producción televisiva nacional es la falta de presupuesto, y este programa es una muestra cabal de las dificultades que una organización debe afrontar para empezar a inscribir algo en sociedad. La carencia, en teoría, sería madre de la inventiva si se quiere tener un producto atractivo, que me imagino era la idea inicialmente.

Pues nada de eso. El “resumen del año” fue un solo de clichés y de improvisación que eran en el mejor de los casos terriblemente aburridos. Al mejor estilo de la televisión UHF cristiana, Gay Friendly no pasa de ser un intento de refrescar ciertos temas de actualidad homosexual que fracasa rotundamente y termina como un embrión mal alimentado y contraproducente.

Quiero ser una mujer (Perú 2008 – 5 minutos)

El máximo prejuicio moralista: “el homosexual quiere ser mujer”, de la boca de los propios aludidos. Me pregunto si estas producciones tan precarias pasan por alguna evaluación para entrar en el festival, o como cuando hablamos de fútbol y fracaso, “esto es lo que hay y nada más”.

Para tener una idea de lo que fueron estos 5 minutos infernales, nuevamente a todo volumen por cierto, hagan esto: imaginen una pantalla de televisión gigante que no capta señal como cuando no hay antena y hay un zumbido loco, a esto agréguenle una voz imperativa, casi psicótica que repetía sin cesar un constante “quiero ser mujer” en difentes tonalidades y en el centro del cuadro la cara de un transexual con una media de nylon que poco a poco es cortada con una tijera a modo de nacimiento.

Trillado y molesto, por decir lo menos.

Lo curioso es que se presentó el también poco elocuente Juka, director del corto, diciendo que quería “subvertir la escena” en Huancayo, que es de donde viene. No me imagino forma más ineficiente y primariosa de hacerlo que con “Quiero ser una mujer”.

Está mal que hable del efecto que pudo haber causado en Huancayo, total no sé que habrá pasado allá y tampoco me quedé para “El vaivén de las mosquetas” que es la obra que montó intentando sacudir los prejuicios provincianos. Ojala haya tenido mejores resultados. Yo ya no soporté más y me fui deseando no haber ido. Sin duda, una oportunidad perdida, qué lástima.





Gran Torino

12 04 2009

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Cuando uno va a ver una película de Clint Eastwood, realmente debe estar preparado, pues lo que ahora lo hace grande como director es que sabe tocar fibras sensibles de la sociedad y/o de los individuos.

En el film, el problema, como casi siempre, es moral. Enfrentados el prohombre norteamericano, conservador, soldado, con la alteridad y la amargura de haberse quedado fiel en un barrio donde ahora los latinos, negros y asiáticos se han asentado y empezado a organizarse en pandillas. Osea quien representa todo lo decente de la sociedad conservadora norteamericana entre un montón de outsiders e indeseables.

Lógicamente, lo que se puede esperar de un tipo duro, es una visión maniquea y xenófoba de la situación, y claro, reacciones acorde a ella. Pero como siempre sucede en estos casos, se forman lazos pese a la relación de rehazo mutuo que en primera instancia se establece: el norteamericano evangeliza a su manera a los bárbaros asiáticos.

El viejo enseña, da lo que siente que es necesario, moldeando al joven inmigrante Yhao a su imagen y semejanza, para que esté listo para la lucha, casi para que se separe de su mundo, más que como un hijo, como una mascota, con un incipiente amor que poco a poco va poniéndolo en un nivel más igualitario hasta que finalmente descubre que hay algo en todos aquellos apestados que lo hace feliz y sentirse vivo de nuevo, que para bien o para mal, no lo ignoran o lo evitan. Él, a cambio, da lugar a que le enseñen, como nunca antes.

En medio de todo está el auto. Y no es casualidad que el simbolismo llegue hasta el final con él: el Gran Torino es su legado de padre.

El hecho es que Clint Eastwood es verdaderamente un gran director, pues pese a los clichés conoce largamentge el arte de contar una historia, conoce el tiempo de decir las cosas y por sobre todo sabe acerca de la simpleza, aún para la denuncia.

 

****

4 estrellas

En el cine mediocre de los últimos años, de todas maneras esta película destaca sin dificultad. Como para pensar que antes se sabían hacer las cosas.





Un libro más

3 03 2009

Hace algún tiempo he inclinado mi predilección literaria hacia los textos religiosos o de crítica religiosa más precisamente, quizá como buscando algo de lo que ocurre en el mundo de hoy. Me parece interesante pasar por la historia para tratar de hacer encajar algunos cabos sueltos que siempre quedan después de ver las noticias.

dios diosesLógicamente termino siendo un aburrido a los ojos de mis amigos, un monotemático, un necio. Quién soy yo para enfrentarme a su juicio, igual, aunque me queda una carta, y es el ser incrédulo, en especial cuando el saber se vuelve chisme, mercancía.

El saber popular habla del fin de los tiempos, el 2012, y los religiosos se quejan amargamente de la “falta de fe”, preocupación que comparten los políticos cuando hablan de las instituciones. Por allí hay un paralelo que por más obvio que parezca aquí, no está tan a flor de piel cuando se habla con la gente.

Jonathan Kirsch, aborda este paralelismo planteando una pregunta interesante: ¿qué implica que todo el poder esté concentrado en un sólo Dios Verdadero?. En verdad, quiero que alguien me diga que esa pregunta no es de total actualidad.

El libro es recomendable, muy claro, ligero y perfumado con un tufillo sarcástico que lo hace aún más agradable al ojo poco acostumbrado a estos menesteres. Hasta puede ser un buen regalo para el primo catequista que todos tenemos en la familia; de hecho, me animo a pensar que ellos lo terminarán leyendo con más avidez que tú.

No quiero contarte el final, pero déjame terminar deformando un poco aquella famosa frase de Stan Lee, que hizo famosa el Hombre Araña para ilustrarte lo que encontraras en la historia de la guerra por la fe: “un gran poder conlleva una gran irresponsabilidad”.